Postales de un festejo que comenzó con la foto fallida en la Casa Rosada y pudo terminar en tragedia

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Campeones mundiales del descontrol y la desorganización. El Gobierno privilegio la foto en la Casa Rosada, que la Selección no aceptó, y luego la caravana fue un ejemplo de caos y de improvisación

Campeones mundiales del descontrol y de la desorganización. Los gobiernos nacional, bonaerense y de la Ciudad demostraron que no estuvieron a la altura para organizar los festejos del campeonato mundial logrado por la selección nacional de Lionel Scaloni y demostraron que son exactamente lo contrario a las virtudes que mostró el equipo campeón del Mundial Qatar 20220: organización, orden y previsión.
El gobierno de Alberto Fernández priorizó en todo momento la necesidad de obtener la foto de la Selección en la Casa Rosada, con o sin Alberto Fernández como anfitrión. El presidente de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, había dicho el lunes que “festejarían con los hinchas”: a buen entendedor pocas palabras.
Definitivamente, los jugadores no querían sacarse la foto en el balcón de la Casa Rosada. Pero tampoco se lo definieron al Presidente tal vez por pudor. Esperaron a que se diera cuenta por sí mismo y se dejara de insistir, aunque Alberto Fernández insistió. La Selección nunca le contestó formalmente la invitación hasta el martes: entonces Tapia se excusó diciendo que estaban cansados y preferían la caravana triunfal. Tal vez por ese desplante, la organización de la seguridad fue desastrosa, como si fuera una venganza.


El desaire había comenzado en la madrugada del arribo del avión a Ezeiza. Al bajar de las escaleras, Lionel Messi y los jugadores ignoraron al ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, que había ido con la directora de Migraciones, Florencia Carignano, y con el presidente de Aerolíneas Argentinas, Pablo Ceriani. Los funcionarios aplaudían la llegada desde la alfombra roja haciendo notar su presencia sin ser saludados. Messi pasó con la Copa del Mundo y ni miró al Ministro del Interior.

El ministro Wado de Pedro esperó en vano el abrazo triunfal con Lionel Messi, quien bajó del avión en Ezeiza con la Copa del Mundo y pasó de largo.
Ahí el Gobierno podría haber tomado nota. No había buena onda. Pero todo terminaría mucho peor, con las relaciones completamente rotas una vez que el Gobierno dio por terminado el festejo ante la evidencia de la desorganización. Desde el domingo a la noche Alberto Fernández y su ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, venían ofreciendo el balcón y Tapia no les contestaba. Aún así, el Gobierno preparó la fiesta en la Casa Rosada como si fueran a asistir los agasajados, que nunca iban a ir. No era seguramente tan sencillo como organizar un cumpleaños en Olivos. Los agasajados no querían.


El Gobierno hizo vallar toda la Plaza de Mayo, montó un escenario, puso la bandera en el balcón de Juan Domingo Perón, y colocó ocho pantallas gigantes. Como si tuvieran una carta en la manga para provocar la visita de los jugadores.
Mientras tanto seguían negociando como si los jugadores fueran intendentes a los que se disciplina con la chequera y el látigo. La organización de la seguridad del operativo fue tan espantosa que pareció una estrategia para obligar a los jugadores a ir a la Casa Rosada. El operativo dejó agolpar a toda la gente sobre las calles, las avenidas, entre ellas la 9 de Julio y las autopistas a Ezeiza. Nunca formó una calle para el paso del micro con un cordón policial como en cualquier festejo donde la gente debe ubicarse al costado del camino y la policía custodiar con agentes.
Era imposible para el omnibus avanzar a través de esa marea humana. Desde la noche, los jugadores estuvieron a punto de ser electrocutados con un cable de alta tensión que nadie calculó por la altura del vehículo que los llevaba. Durante la tarde, la gente desde los puentes se lanzó hacia el micro con los jugadores, y pusieron en riesgo las vidas de ambos, de los fanáticos y de los mundialistas. Nadie previó nada

Nadie despejó los puentes y todo fue un caos. Se modificaron los recorridos en media docena de veces. En la mañana, iban a ir desde Ezeiza hasta la 9 de Julio por la autopista para llegar al Obelisco. Durante el mediodía se cambió el itinerario: Ricchieri, General Paz, Lugones, Paseo del Bajo, 25 de mayo y 9 de Julio. Ahí saludarían los jugadores desde el “rulo” de distribución. Para evitar el Obelisco y no bajar a la 9 de Julio.

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Pero la gente estaba en el Obelisco y corrió desesperada en varias direcciones y el desbande fue descontrolado, miles fueron en hordas hacia Constitución para saludar al omnibus, pero miles también se dirigieron al Paseo del Bajo, cruzaron Alem, y se ubicaron por encima de las vigas de hormigón de ese túnel gigante para ver pasar por debajo de sus pies al micro con los jugadores, por donde nunca iba a pasar. Todo parecía ciencia ficción.


Muchos se apostaron en Lugones, donde estacionaban sus autos en las plazas con sus heladeras, comidas y bebidas para esperar a la Selección. Pero el micro no podía avanzar por Riccieri por lo que todo se demoraba y recién a las 15.30 cruzó General Paz, sin bajar hacia esa ruta sino que siguió por Riccieri porque la marea humana no dejaría recorrer el trayecto en menos de varias horas. Se retomó el plan original con lo cual se desairó a toda la gente que se había desplazado hacia General Paz, Lugones y Paseo del Bajo.
A poco de eso, dos hombres se desplomaron desde un puente (fotos) sobre el micro de los jugadores y uno de ellos rebotó en el techo y cayó al pavimento. Aníbal Fernández decidió que se terminaba ahí el festejo y dispuso ocho helicópteros de la Policía Federal para que los jugadores fueran a la AFA, aunque antes hizo el último intento de invitarlos a la Casa Rosada. Otra vez la AFA dijo que no y ahí se terminó todo. Fue entonces que se produjo una tensa discusión entre Chiqui Tapia y Aníbal Fernández.

El micro de los campeones del Mundo en la Autopista Riccheri. Foto: AP

Para que terminara todo en este papelón, donde más de la mitad de los cuatro millones de simpatizantes se quedaron sin ver a Messi y los suyos, el Gobierno decretó un feriado nacional sin consenso de las provincias (hubo ocho que lo rechazaron), perjudicó a empresas, comercios, cámaras empresariales y cadenas productivas, y cerró completamente la Casa Rosada para un festejo que nunca iba a ocurrir. Porque ya se sabía desde el domingo que Messi y los jugadores no querían.
Es falso que hayan desistido de ir a la Casa Rosada por cansancio. Es sabido que Chiqui Tapia y Messi no tienen buena sintonía con el Gobierno que le impidió a Messi donar 32 respiradores en 2020 y que le puso palos en la rueda a Tapía en la AFA. Además, Messi no quiere mezclar el fútbol con la política y sabe que el Gobierno utiliza cada foto para alguna emboscada. Conoce muy bien lo que pasa en la Argentina y no confía en el Gobierno, como tampoco la mayoría de los jugadores que dedicaron el Mundial a la gente que “la está pasando mal en la Argentina”. Teléfono para Alberto Fernández y para Cristina Kirchner.
Chiqui Tapia acusó del abrupto final de la fiesta a los organismos de seguridad, pero es un eufemismo para decir que fue Aníbal Fernández que había sido el organizador y el que comanda esos organismos. Pero el ministro de Seguridad había acordado el operativo con Sergio Berni de Buenos Aires y con Marcelo D’Alessandro, el día anterior. En la Ciudad de Buenos Aires, nadie pudo evitar la vandalización del Obelisco y el peligro de los intrusos que se subieron hasta la punta para conquistar el monumento porteño.

Los hinchas se concentraron frente a la Casa Rosada con la ilusión de recibir a la Selección Argentina. Foto: Federico Imas - CLARIN
En la Ciudad, los techos del Metrobus, los negocios, los quioscos de revistas y los semáforos sufrieron daños y destrozos. Pudo haber más accidentes que los que provocaron los 31 heridos y decenas de detenidos que se registraron una vez que se informó que la Selección había interrumpido los festejos. El SAME, y sus titular Alberto Crescenti, denunciaron agresiones y gente que impedía los trabajos de auxilio y emergencias.
Bomberos y la Policía de la Ciudad desalojaron a las personas que ocupaban en el Obelisco y subían hasta la punta. Hubo 13 detenidos y cuatro estaban adentro del monumento. Unos 8 policías y bomberos sufrieron heridas por botellazos y piedrazos que les tiraban.
Entre los heridos muchos sufrieron golpes por caídas desde techos, puentes, postes y semáforos y heridas cortantes. Hubo 16 que fueron trasladadas a hospitales de la Ciudad, como el Ramos Mejía, Rivadavia, Fernández y Argerich. Una triste postal de un festejo donde el Gobierno pretendió capitalizar una foto y descuidó la organización de una caravana que pudo terminar en tragedia.

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