Los movimientos sociales justifican sus marchas en que «los sueldos son bajos» y prefieren recibir planes sociales sin trabajar

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Cortan las calles, bailan y están de fiesta. Institucionalizan la idea de que no quieren trabajar porque ganan más con los planes sociales. La batalla es cultural y hay que cambiar de paradigma: los derechos tienen que tener obligaciones de capacitación laboral

El nuevo discurso de los movimientos sociales que marchan a la Plaza de Mayo con sus hijos en brazos y sin llevarlos a la escuela consiste en decir que están en la calle “porque no hay trabajo”. Pero cuando se les dice que existen empresas que están ofreciendo laburo contestan que “los salarios son bajos”, por lo cual tienen que seguir reclamando aumentos de planes sociales y de los montos de las asignaciones.

Es decir, la lógica es que como el sector privado «paga poco» prefieren seguir cobrando planes sociales del Estado. Como no pueden vivir de un sueldo, todos los contribuyentes formales tienen que seguir bancando al 1,8% del PBI en planes sociales. Ellos consideran que sólo tienen derechos y no obligaciones.

Es la hora de cambiar el paradigma: a todo derecho le corresponde una obligación y esta consiste en insertarse en el sistema mediante un gran plan masivo e integral de capacitación laboral, que hoy hay que formar.

El argumento de «pagan poco y queremos planes» no se sostiene. Cualquier sueldo de una empresa arranca desde los 70 mil a los 100 mil pesos en la mano, por lo cual la solución no puede ser cobrar un plan Potenciar Trabajo de 22.000 pesos, cuya partida nacional hoy supera en el presupuesto los 300 mil millones de pesos. El conjunto de los planes supera hoy el billón de pesos si se tienen en cuenta los programas de todo el Estado.

Existen los planes alimentarios, de asignación directa, las pensiones no contributivas, los planes del Ministerio de Trabajo, la Anses, la Asignación Universal por Hijo, y los programas múltiples del Ministerio de Desarrollo Social. Una maraña de dádivas para no trabajar. No puede aceptarse más que un desocupado pretenda vivir con la acumulación de planes sociales en lugar de recibir un salario con el cual puede ascender en su carrera mediante la capacitación y el intercambio dinámico entre empresas.

Hoy el Estado les dice a los desocupados: tomen una asignación, o varias, y quédense en su casa sin trabajar y sólo tienen que ir a las marchas y protestas piqueteras, porque ustedes están demás en la sociedad, no pueden, no saben o tienen capacidad para trabajar e insertarse en el mundo laboral. O les entrega un puesto en el Estado, en el municipio, la provincia o la Nación. Empleados públicos que son desocupados encubiertos que reciben un plan social del Estado con apariencia de trabajo.

Es la peor discriminación moral que se le puede hacer a una persona. Ningún argentino está demás, el país necesita de todos trabajando, en sus barrios, fábricas, campos, Pymes, cooperativas, empresas…

 

Porque cuando todos se involucren en la Cultura del Trabajo los salarios comenzarán a aumentar y el Estado comenzará a recuperar aportantes del trabajo registrado con lo cual se resolverán los problemas fiscales y previsionales. Los jubilados podrán aumentar sus haberes si se incrementa la base de aportantes y el Estado comenzara a recaudar más por los impuestos al consumo y por una economía que se expande.

La batalla no es económica, sino cultural, educativa. Tiene que ser un cambio de paradigma que empuje de abajo hacia arriba, con la sociedad civil empujando una mayor inserción en la educación y en el trabajo para resolver la pobreza.

No podemos institucionalizar la idea de que los desocupados no trabajan porque cobran un plan social. Los planes tienen que ser el sustento y el apoyo para capacitar a millones de personas para que se inserten en la educación y en el trabajo.

Los planes tienen que tener un plazo de caducidad y los beneficiarios tienen que tener la obligación de incorporarse a un gran sistema de capacitación en los oficios que necesitará y que demandará la economía del futuro de nuestra Nación.

Se puede hacer a través de una gran Agencia Federal de Trabajo, por la cual los empresarios definan sus demandas de competencias laborales y la sociedad civil articule un gran sistema de formación. Esta es la batalla del futuro de la Argentina, para que los desocupados no sigan cortando las calles y bailando alegremente en la Plaza de Mayo mientras que el resto de los trabajadores no se pueden movilizar a sus trabajos.

Ningún plan social es más beneficioso que un salario. Ninguna marcha otorga más dignidad y recuperación personal que una persona trabajando para darle de comer a sus hijos y llevarlos al sistema educativo para garantizarles un porvenir. Los niños no pueden seguir en las marchas, sino en la escuela. Despertemos porque la Argentina necesita de todos y el mejor programa social es recuperar al ser humano, para recuperar la economía.

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