El Presidente le pidió este martes al nuevo jefe del bloque, que responde al ex ministro de Defensa Agustín Rossi y que no milita en el kirchnerismo duro, que «dialogue, argumente, persuada» y pueda alinear a toda la tropa de La Cámpora y de los movimientos sociales afines como el sector que lidera Juan Grabois.

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Son entre 15 y 30 diputados díscolos tentados de votar contra el acuerdo con el FMI. Consultado por A24.com sobre si garantizaría la aprobación del acuerdo con el FMI, repitió el libreto que le había dado Alberto Fernández: «Yo no siento que peligre. Me parece que vamos a tener que trabajar. Hablar mucho, argumentar, persuadir. Mi idea es mañana mismo estar en charla con la mayor cantidad de compañeros del bloque».

Incluso, dio a entender que la directiva del Presidente era persuadir al propio Máximo Kirchner. Luego de la sonora renuncia del hijo de la vicepresidenta, y cuando se conoció la designación de Martínez, la crisis política se profundizó: la vicepresidenta del bloque, Cecilia Moreau, presentó su propia renuncia a la bancada. Martínez había dicho que quería trabajar junto a ella, pero ella pareció rechazarlo. Fue la última andanada de fuego amigo.

Una jornada con críticas, fuego amigo y silencio de Cristina Kirchner

Se trata de la hija del diputado Leopoldo Moreau. El propio Moreau por la mañana había anticipado que el Frente de Todos podría modificar el acuerdo durante el tratamiento en la Cámara de Diputados. Durante la jornada, otras voces ultra kirchneristas salieron a respaldar a Máximo Kirchner en contra del ajuste acordado con el FMI.

El primero había sido, anteayer, el director del Banco Nación Claudio Lozano. Este martes le siguieron la diputada Fernanda Vallejos, kirchnerista a ultranza, y el diputado Juan Carlos Alderete, de la Corriente Clasista y Combativa.

Pero el dato que más preocupó a la Casa Rosada fue el silencio persistente de la vicepresidenta Cristina Kirchner. No se pronunció en favor del acuerdo con el FMI ni en contra de su hijo Máximo. El núcleo duro del Presidente interpretó ese silencio como un aval a Máximo, pese a que éste le había relatado al Presidente que ella estaba en desacuerdo pero no hizo nada para detener su intempestiva salida del bloque.

Albero Fernández con Germán Martínez en la Casa Rosada.

Albero Fernández con Germán Martínez en la Casa Rosada.

Cristina, en ejercicio de la presidencia; Fernández de viaje

No fue un dato menor: Cristina Kirchner asumió la presidencia en ejercicio por la noche cuando Alberto Fernández partió hacia su gira a Rusia, China y Barbados. “Cristina será la presidenta en estos días y no podía decir lo que piensa. Cuando vuelva Alberto del viaje, posiblemente hable”, conjeturaban ante A24.com en altos despachos del palacio gubernamental.

El Presidente está enfurecido con Cristina Kirchner y con su hijo Máximo, aunque trata de disimularlo para mantener la unidad del Frente de Todos. La relación no tiene retorno y sólo será formal dentro del paraguas del Frente de Todos. De la decisión de designar a Martínez sólo participaron Alberto Fernández, el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y el jefe del Gabinete, Juan Manzur.

El día anterior, Alberto Fernández había conversado con el ex diputado y ex ministro Agustín Rossi, padrino político de Martínez, cuya designación fue una señal de acercamiento a Rossi, luego de su alejamiento del Gobierno.

Martínez habló con Máximo, pero el clima es de ruptura

El propio Martínez conversó brevemente con Máximo Kirchner, pero no con la vicepresidenta. En su primer contacto con la prensa, se mostró conciliador, amable y dispuesto al diálogo para recomponer la unidad del Frente de Todos y buscar la aprobación del acuerdo con el FMI, la preocupación central de todo el Gobierno. Tanto énfasis en subrayar que iba a recomponer el diálogo con Máximo no hizo más que poner de relieve el clima de ruptura.

La furia de Alberto obedece a que es la segunda gran crisis que provocó el hijo de la vicepresidenta. La primera fue cuando hizo un discurso incendiario a fines de diciembre y tumbó un acuerdo con Juntos por el Cambio para aprobar el Presupuesto 2022 y el Gobierno se quedó sin la ley para mostrar en la negociación con el FMI.

“Ya es la segunda vez que patea el tablero. No podemos comprender. No nos queda otra alternativa que pensar que para los kirchneristas antes que nada está el relato» dijo a A24.com un funcionario albertista.

Cristina apoyó el acuerdo y luego avaló a Máximo

Por otra parte, los funcionarios del Presidente aseguraron que el viernes éste anunció el acuerdo con el FMI con el consentimiento de Cristina Kirchner, que había comprendido que el peor escenario era no acordar. Y sin embargo, también le atribuían este martes a ella haberle dado el aval a Máximo Kirchner para que pateara el tablero.

Máximo dijo que ella no estuvo de acuerdo con su renuncia, pero él no lo hubiera hecho sin su consentimiento. Y el silencio de Cristina deja en claro que ella avala a Máximo para contener a su tropa ideologizada”, señalaban.

“Es una incógnita que nadie se explica en el Gobierno. ¿Cuál es la lógica de ella? Hasta por un interés mezquino, la persecución de los jueces en sus causas, ella debería estar interesada en mostrar un gobierno unido y no fisurado ”, señaló otro funcionario de la Casa Rosada. Todos esperaron en vano que se pronunciara en favor de Alberto.

A la caza de 30 votos perdidos en el Frente de Todos

La deserción de Máximo Kirchner podría implicar que el acuerdo con el FMI perdiera 30 votos en el Frente de Todos. En ese caso, deberían recurrir a los buenos oficios de Juntos por el Cambio. Pero en la oposición decían que no pueden dar el aval a un acuerdo que aún no se conoce en su totalidad y que está objetado por los Kirchner.

“La actitud de Máximo es de adolescente, chiquilín, disparatado e insólito”, señalaban en despachos del entorno de Alberto Fernández. “No se da cuenta que sin acuerdo con el FMI no tendríamos ni crédito para las vacunas”, se indignaban. “Privilegia quedar bien con su tropa”, lo acusaban. Había clima de no retorno en la ruptura.

Muchos señalaban que si Cristina Kirchner hubiera logrado tal acuerdo, hubiera convocado a un acto en la Plaza de Mayo para celebrarlo como un acto de soberanía de no haber aceptado la reforma laboral y previsional y hubiera revestido el relato con los aspectos positivos del pacto.

“Pero son así, no te dejan gritar los goles propios porque todos los tienen que hacer ellos. Cristina le hizo lo mismo a Daniel Scioli, no lo dejó gobernar en la provincia y luego lo boicoteó en la campaña presidencial de 2015 y por eso tuvimos a Mauricio Macri como presidente”, señalaban cerca del Presidente.

Conflicto y negociación

Por otra parte, el albertismo recordaba que durante su gobierno Néstor Kirchner renegoció la deuda privada en 2005, le pagó 9800 millones de dólares al FMI ese mismo año, Cristina Kirchner la renegoció en 2010, y luego hizo una mala negociación con el Club de Paris en 2012. Pero en todos casos, celebraron todos los acuerdos como si fueran logros épicos de soberanía y actos de reivindicación nacional y popular.

En ese contexto de malestar, el Presidente le pidió a Sergio Martínez que recompusiera la paz y la unidad en el Frente de Todos. El diputado nacido en Rosario adoptó un perfil conciliador y expresó en una decena de veces su “admiración por Máximo y el trabajo hecho”. Fuentes cercanas al Presidente aseguran que se vendrá una etapa de negociación.