Sin afectar el gasto político, el Gobierno prepara el relato para el ajuste en tarifas, dólar y nafta

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Alberto Fernandez quiere acordar con el FMI y piensa en una reducción el déficit fiscal con variables que afectan a la gente y los precios, pero no con reducción del gasto improductivo del Estado

A todo ajuste le llega su relato. El gobierno de Alberto Fernández prepara un recorte fiscal para reducir el déficit y poder acordar con el FMI. Subirá las tarifas para reducir subsidios, las naftas para bajar la asistencia a YPF y el dólar para recaudar más pesos por exportaciones y licuar el gasto público pero no reducirlo. No bajará ningún gasto de la política: ni el número de 22 ministerios, ni los miles de cargos públicos y nombramientos, ni las partidas para gastos corrientes, asesores viajes, alquileres y la impresión de folletos con lenguaje inclusivo. Según el relato, bajar esas erogaciones es afectar las políticas que mejoran la vida de la gente.

Tampoco está previsto bajar el gasto en asignaciones sociales que cobran las organizaciones piqueteras. Se podría instrumentar un gran plan de capacitación laboral y reducir en el tiempo los planes sociales. La plata de ellos no se toca. En cambio, sí alterarán las variables que pueden afectar realmente a la gente: las tarifas, las naftas y el dólar inciden directamente en los precios de toda la economía.

No quiere decir que no haya que actualizarlos, sino que el sinceramiento de esas variables no puede ser lo único que entre en un ajuste fiscal. También el pato lo deben pagar los que más tienen: la política también tiene que ser una variable de ajuste.

Si se agrega a este combo de sinceramientos la emisión monetaria de los últimos meses, estamos a un escenario podría desatar una inflación galopante. Por eso, el Gobierno intenta presentar el congelamiento de precios de alimentos y medicamentos como una solución viable. Para eso pretende hacer un gran acuerdo con empresarios y oposición después de las elecciones en un escenario incierto.

Pero el congelamiento de precios durará hasta el 7 de enero de 2022, justo después de las fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes Magos. Desde esa fecha, Papá Noel, Melchor, Gaspar y Baltasar serán un recuerdo. Comenzará entonces el año próximo, la hora de la verdad. Y la única verdad es la realidad. Con subas de tarifas, dólar y naftas, el congelamiento puede sucumbir y cuando se liberen los congelamientos los desajustes podrían ser mayores.

El economista Luis Palma Cané lo bautizó como el efecto pebete: si uno lo achata con la mano, al soltarlo vuelve a elevarse rápidamente. La economía podría quedar dentro de una enorme olla a presión.

Pero en aras de llegar a un acuerdo con el FMI el gobierno ya hurga en el baúl de las justificaciones. Se busca un relato, una narrativa que haga más amigable el sablazo:

*La suba de tarifas será puesta como una cruzada contra las señoras gordas que quieren pagar la luz a dos pesos con cincuenta en sus departamentos Barrio Norte o en sus mansiones de los countries.

*La suba del dólar será presentada como una medida para solucionar el atraso cambiario que tanto afecta a los exportadores y alienta las importaciones de bienes de consumo que destruye el trabajo de los argentinos. En cambio, el dólar competitivo le resolverá la ecuación comercial a las Pymes que venden al exterior y ello generará más trabajo.

Al fin y al cabo, después de 2002, la devaluación competitiva del gobierno de Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna generó una bonanza que ayudó a Néstor Kirchner a ganar las elecciones presidenciales.

*La suba de las naftas no tiene demasiados costados positivos.

Dentro de este cúmulo de beneficios que prepara el Gobierno también se puede adivinar el relato para maquillar el ajuste con dos triunfos épicos del modelo:

1-Si logra reducir las sobretasas, dirá que le pudo doblar el brazo al FMI porque eran tasas usurarias que solo Mauricio Macri podía convalidar y que el gobierno logró bajar.

2-Si logra extender los plazos se anotará otro triunfo para las tribunas y dirá que gracias a eso el Tesoro no tendrá que pagar la deuda al FMI en 2022 y 2023 como lo hubieran hecho los neoliberales y en cambio lo hará durante un plazo extendido de 10 años.

Bajar los gastos de la política, de la administración, los planes sociales, los cargos públicos, los ministerios, los viajes, eso no está previsto: conspiraría contra las políticas que favorecen a los más necesitados. Eso queda para los neoliberales. Así de fácil.

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