Desopilante boxeo en el Penal de San Martín: Jara y Obarrio empataron en un combate golpe a golpe

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En el segundo round hubo caídas de ambos: Jara besó la lona en primer término, luego Obarrio y por último los dos. Fallo divido para el empate. Un momento de hilaridad y diversión en el “Espartanos Boxing Club”

No sólo el rugby vibró este martes 10 de agosto en la Unidad Penitenciaria de San Martín. Los Espartanos recibieron visitas en el “Espartanos Boxing Club” y se enfrentaron en desopilante y no menos apasionado combate Julio Jara, detenido hace muchos años por delitos de su pasado, contra el ya retirado boxeador Mariano Obarrio, devenido en periodista político, que buscaba revancha luego del accidentado partido de rugby que le había tocado el 29 de junio en el “Estadio Bernardo Miguens”, donde Los Espartanos hacen las veces de local.

El joven Jara, campeón del Penal, recibió al entusiasta Obarrio, que acusaba 53 años recién cumplidos y renovados 91,5 kg en su nuevo peso luego de una larga temporada de 30 años sin boxear y con un peso superior a los 120 kg ganados a fuerza de sedentarismo en el sacerdocio del periodismo político. Si bien hoy Obarrio es peso pesado, hace seis meses nomás era super recontra pesado. Era la hora de medirse tras largos meses de entrenamiento y privaciones alimentarias.

Como todos los martes, afuera del “Espartanos Boxing Club” unos 300 jugadores de rugby de Los Espartanos entrenaron a las órdenes de Ezequiel Baraja y jugaron al deporte de la ovalada en esta enorme obra de formación deportiva y de capacitación en oficios que encabeza desde 2008 Eduardo “Coco” Oderigo y gracias a la cual ya 3000 detenidos salieron de la cárcel en todo el país con salida laboral y nula reincidencia. Algunos de ellos ya trabajan en empresas de primera línea. Un modelo que el Movimiento para los Valores de la Argentina (MVA) quiere expandir a todos los sectores económicos, sociales y políticos a través de conferencias de tormenta de ideas.

Ezequiel Baraja, entrenador de Los Espartanos en rugby

Julito Jara y Mariano Obarrio, después de la pelea

Afuera del ring, los entrenadores del Espartanos Boxing Club fatigaban con ejercicios de entrenamiento arduo a los pugilistas de la Unidad Penal 48 de San Martín. El clima de la mañana era el de esas inolvidables apasionantes veladas de boxeo.

Desde afuera del cuadrilátero, el creador de Los Espartanos, Eduardo “Coco” Oderigo, hacía las veces de arbitro, camarógrafo del combate y hasta se arrogó la función de los relatos que emularon a Osvaldo Príncipi, quien compartió años de redacción en el diario La Nacion con Obarrio. Todo estaba dado para una de esas peleas trascendentales de la historia del boxeo internacional.

Fuera del ring, Jara y Obarrio cultivaron los valores de la amistad y el compañerismo. Pero una vez que sonó la campana la fiereza de ambos, pese a la diferencia de tamaño y de peso, sacó a relucir las cualidades de los mejores luchadores del deporte de los guantes, aunque en el caso del periodista, hay que decirlo, se notaron los 32 años de inactividad pugilística. Pese a que lo disimuló bien, Obarrio terminó ahogado los tres rounds. Una cosa es el entrenamiento casero en la bolsa, el espejo y la soga, y otra la adrenalina de los guantes.

En la previa, Oderigo tomó con su cámara el precalentamiento del referente del Movimiento de los Valores de la Argentina y dijo: “Nacho, esto es para vos, acá el Fideo Obarrio”, a lo cual el aludido respondió “acá el Fideo volviendo, acabo de cumplir 53 años”. Fideo era el apodo con el que se conocía a Obarrio en los años 80 en el Gimnasio Centauro a las órdenes de Ignacio “Nacho” Fernández Madero y de Adolfo “Cuchi” Tissera. Hoy Nacho es preparador físico de los planteles de rugby del SIC y descolló como entrenador físico de Los Pumas en los mundiales 2003 y 2007 con el Tano Marcelo Lofreda. En el video se puede apreciar que Julito Jara hizo alarde de su título de “campeón de los Espartanos”.

En un segundo tramo de las tomas, Jara estableció las reglas: “A la tercera caída es knock Out”. Obarrio contestó esperanzado “Espero que ninguno caiga” y acto seguido agregó: “Me despido de mis amigos de mi familia… aquí estamos y vamos a boxear con el campeón de los Espartanos, con Julito, vamos, vamos…”

Primer round

Arrancó el primer round. Obarrio impecable con su remera gris. El veterano comenzó bien plantado, guardia bien alta y estudiando al rival. Midiendo a Jara en las primeras manos. Jara ensayó un avance con su rapidez y juventud buscando los flancos más abiertos de Obarrio, pero este escapaba dando el paso atrás o al costado para volver a avanzar. El periodista lo mantuvo a distancia con una izquierda larga, punzante y precisa, cubriendo bien su rostro protegido por el cabezal.

Jara lo buscó abajo y arriba desde el centro del ring, mientras Obarrio bailoteaba hacia uno y otro costado. En el golpe por golpe intercambiaron manos que llegaron en profundidad en los dos sentidos, buscando el agotamiento del rival. Jara demostró buena movilidad para esquivar los directos de Obarrio, demasiado anunciados a veces, y que en muchos casos no llegaron a destino.

El joven Jara amagaba con su derecha y sorprendía con la izquierda, mientras el visitante hacía caso omiso y cubriendo su rostro devolvía golpe por golpe. Ambos hicieron gala de su técnica, aunque en el caso del periodista algo desgastada por los años trascurridos.

En uno de los ataques de Jara, Obarrio respondió con un gancho al hígado del local y despertó el “uhh” del relator Oderigo. La pelea iba tomando temperatura en las tribunas, algo vacías por los protocolos de la pandemia del Covid 19.

Pero Jara se repuso con valentía y volvía a buscarlo de manera incesante a Obarrio, que se refugiaba en los rincones y contra las cuerdas con buena defensa y puños cerrados sobre su mentón. En un contragolpe del visitante Jara lo tomó de la cintura y pareció tener la intención de derribarlo con un tackle que no surtió efecto. Algunas derechas de Jara llegaron a destino en forma de directo y ganchos. La vuelta se hizo dinámica con ataques de Obarrio bien contenidos por Jara en un ida y vuelta.

Cuando Jara lastimó con su derecha tremenda, Obarrio reaccionó con una seguidilla de golpes que no hicieron mella en el rival. En la devolución Jara se mostró ofensivo y desde el rincón de Obarrio tiraron la toalla que en realidad era una remera, pero el pupilo desobedeció y siguió la pelea para no dar el brazo a torcer. Y logró que corrieran los segundos y se fue el round. Se saludaron cordialmente y, luego de ir a sus rincones, fueron al segundo round, que sería sangriento.

Segundo round

Coco Oderigo anunció “segundo y último round”, pero luego irían a un tercero. Esta vuelta se hizo más dinámica, luego del primer asalto de estudio. La pelea se mantuvo en la misma tónica: con un Jara ofensivo, aguerrido, y un Obarrio que administraba sus pocas fuerzas con buen estilo y una defensa sólida. Obarrio retomó el centro del ring y comenzó a lanzar izquierdas y derechas mientras que Jara esquivaba con el estilo del legendario Nicolino Locche, con cintura hacia ambos lados.

En un feroz ataque de Obarrio, Jara pareció trastabillar, lo cual envalentonó al periodista visitante con ganchos al estómago que buscaban el hígado del rival. Hasta que un gancho envenenado sobre la zona hepática del local logró derribar a Jara y Obarrio de manera despiadada se abalanzó sobre el boxeador caído y buscó rematar el combate. Pero esa actitud fue detenida a tiempo para no ser descalificado por la autoridad del match aunque causó la silbatina del público en señal de desaprobación.

Obarrio se retiró de esa golpiza al grito de “Vamos”, desafiando al público que reprobó su deplorable actitud. Obarrio entró en calor por su gran despliegue físico, pese a los 5 grados que hacía en el gimnasio. Y buscó a sus segundos para quitarse la camiseta como desafío a su propio rincón: no aceptaba que le tiren la toalla sino que le agarren la remera. Jara se levantó al conteo de 7 y fue por Obarrio enfurecido, pero éste aprovechó la racha de golpes y avanzó sobre Jara, lo cual provocó un climax en el estadio y el combate se volvió dinámico, cuerpo a cuerpo.

“Uhhh, lo tiene lo tiene”, gritaba el relator Oderigo, pero Jara se repuso pese a los golpes certeros y fue por la contraofensiva, decidido y mortal. Con una potente derecha en cross logró desestabilizar a Obarrio, que fue a la lona visiblemente dañado.

En un conteo que duró hasta 10, Obarrio ensayó unos revolcones sobre la lona pero de un salto se repuso para no perder la pelea, demostrando orgullo y coraje. Fue nuevamente sobre Jara y entraron en un intercambio de envíos. El visitante por momentos perdió la línea, los golpes no entraban de lleno y ambos buscaron el cuerpo del rival, en un ir y venir de ganchos, que hizo pronosticar al relator Oderigo que “se van a caer los dos”. Luego de algunos segundos de confusa escaramuza, ambos conectaron precisos disparos sobre la cabeza del rival y cayeron al suelo al mismo tiempo, lo cual demostró la gran visión anticipatoria de Oderigo.

Obarrio se levantó en primer término mientras Jara buscaba las cuerdas para poder reponerse y a fuerza de voluntad se volvió a poner de pie y en posición vertical. En el tramo final fue una lucha golpe por golpe, cuerpo a cuerpo, hasta que sonó la campana. El milagro fue que ambos mantuvieron la posición de dorapas hasta el abrazo final.

Tercer round 

Sin cabezal, producto de la feroz pelea en el segundo asalto, Obarrio salió a pelear el tercer round, que sería de fuertes manos al cuerpo. El visitante lo buscó pero Jara se defendió con su movilidad de piernas y sus buenos reflejos para esquivar los lances de Obarrio, que también demostró que sabía dar el paso atrás ante los ataques de Jara. En varios tramos de esta vuelta el periodista buscó refugio en las cuerdas, pero también fue a buscarlo, a riesgo de recibir los fuertes contragolpes de Jara.

Comenzó a notarse cierto cansancio de Obarrio y signos de agotamiento y asfixia. Pero mantuvo su bailoteo bien afianzado en sus dos piernas. Se buscaron abajo y arriba, una y otra vez, pero los resabios de cansancio del segundo round evidenciaron que ambos esperaban el final de la intensa pelea para evitar golpes de último momento.

Cuando Obarrio sufría la falta de aire, se paraba bien cubierto ante Jara y esperaba sus ganchos sin presentar flancos y luego salía con algún golpe que alcanzaron el destino pero sin lastimar. En realidad, la intención no era lastimar sino divertirse en una mañana que hizo recordar aquellas noches de Centauro y aquellas veladas del Cesar Palace de Las Vegas. Es por ello que el visitante se fue a almorzar luego una ensalada Cesar con pollo para reponerse de semejante esfuerzo.

Las tarjetas finales de los tres jurados dieron el resultado de empate:

Primera tarjeta: 118 para Jara 117 para Obarrio

Segunda tarjeta 117 para Obarrio y 116 para Jara

Tercera tarjeta 117 para ambos.

HISTÓRICAS POSTALES DE LA FEROZ PELEA

 

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