Los Espartanos, escuela de valores con 3000 presos rugbiers que abrazan la cultura del trabajo y la libertad

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Lo primero que aprenden es que la libertad está dentro de ellos mismos. Los presos detenidos que integran el equipo de rugby Los Espartanos logran entender a través del deporte que, para ser libres, deben cultivar los valores del compañerismo, la solidaridad, el esfuerzo, la superación, la cultura del trabajo y el amor a ellos mismos. Todos le atribuyen al creador del proyecto, Eduardo “Coco” Oderigo, esa enseñanza. Desde 2009, Coquito, como le dicen, es entrenador, padre, consejero, profesor y amigo.

Es por eso que Leo, Diente, Cubo, Maximiliano, Ben 10, Baracu, Marcos, Baraja y tantos otros ya son libres, aún antes de cumplir su pena y salir del Complejo Penitenciario de San Martín. Han elegido por los valores permanentes y fundamentales. Se sienten liberados. Entre los espartanos no se habla de política ni de “grietas”.

Están preparados para trabajar en la integración. No se compran los resentimientos. No ven la hora de trasponer el portón de hierro que se ve a pocos metros para salir a trabajar, ejercer la libertad en la calle, comerse la cancha y ponerse la diez de la vida.

Se les nota en sus semblantes, se les dibuja una serena expectativa. Se los nota confiados, sin resentimientos, con autoestima. La mayoría sabe que su vida ya cambió. Reciben a sus visitantes, incluido este cronista, con alegría y hospitalidad. Este periodista fue por historias de vida y se llevó lecciones de vida.

La premisa era comprobar cómo los jóvenes -y no tanto- que alguna vez estuvieron en la marginalidad y en la ilegalidad pueden reconvertirse a través de los valores y de la cultura del trabajo, la capacitación y la educación. De eso tratará la conferencia que el 15 de julio organizará el Movimiento para los Valores de la Argentina con 22 líderes de la vida económica, educativa, social y civil para diseñar un programa integrado de calificación laboral sobre la base de las demandas productivas del futuro.

Síntesis del día de entrenamiento e historias de vida

Los Espartanos saben que les faltan meses, o años de cumplimiento efectivo de la pena. Una vez por semana reciben a sus familiares en un salón de visitas. “Y si tenés esposa, hay cuartos para estar en intimidad”, dice uno de ellos. Esperan su tiempo.

Pero también saben que tendrán el mismo futuro que Jesús Vega, el tackleador que esta mañana del 29 de junio de 2021 volvió en su moto al penal para jugar con sus ex compañeros y arengarlos al final del partido. Jesús ya disfruta de la vida en libertad.

“La primera oportunidad es la que ustedes se dan a ustedes mismos. Afuera tenemos oportunidades, sepamos aprovecharlas”, les dice Jesús a sus amigos, detenidos en el Complejo Penitenciario San Martín. Suena convincente, motivador.

La mayoría están detenidos por robo, secuestro extorsivo y otros delitos graves que figuran en sus expedientes. Pero en el equipo no aceptan a los condenados por abuso sexual, esos están en otros pabellones, no tienen cabida en Los Espartanos.

La cancha de césped sintético es un lujo. La bautizaron “Coliseo Bernardo Miguens”, en honor a la ex jugador de CUBA que falleció hace pocos años en Pinamar durante un accidente. Ahora, después del partido, al que invitaron a jugar a este cronista-visitante, todos están parados en círculo esuchando a Jesus Vega. Ni sienten el frío de 8 grados.

“No hagan llorar a sus madres. Mi madre lloró cuando me llevaron en un camión de la policía. Pero hace poco lloró de alegría cuando entre a trabajar en YPF, loco”, les dijo Jesus a sus compañeros de equipo y de cárcel, ante la mirada y la emoción de los cien muchachos curtidos por la vida.

También escucha Oderigo, ex jugador del SIC, en ese enorme círculo. Acompaña y filma el momento el ex fiscal federal Jose Barbaccia y el ex jugador del CASI Diego Claisse. Barbaccia y Claisse son dos socios de Oderigo en esto de rescatar seres humanos de la ilegalidad y de la marginalidad.

La cultura del trabajo los cambia para siempre, porque encuentran una dignidad que tenían perdida, un talento que tenían oculto, y se alegran de verse capaces y de haberlo logrado, se transforman en hombres confiables y confiados, con autoestima y entonces capaces de amar, levantar y “hacer techo” a sus amigos.

Las reglas: no convierten los trys, porque se convierten ellos 

Los Espartanos juegan con 9 jugadores, sin scrum y cada try vale un punto. No se patea a los palos para convertir un try. Para conversión se tienen a ellos mismos: a través del juego, la educación y el trabajo esos ex delincuentes se convirtieron en personas de bien. Son ejemplo de conversión, porque se rescataron a ellos mismos.

Todos los viernes se reza el Rosario en los seis pabellones de máxima seguridad del penal. La primera frase que les surge es: “Aprendimos a apoyarnos y a ayudarnos entre nosotros”. En todos los diálogos se repite ese latiguillo. Con solidaridad y compañerismo, no hay lugar para agresiones, egoísmo, mentiras, traiciones ni malas acciones contra el de al lado.

Marcelo Galarza cumple una pena de 13 años por secuestro extorsivo. “Desde que llegué a espartanos, espartanos me cambio la vida. Me enseñó valores que no tenía. Cuando uno está en el mundo se mira el ombligo y hoy miro a mis compañeros, quiero que estén bien, ayudarlos, apoyarlos”, dice.

“Nos estamos capacitando día a día para encontrarnos con la realidad cuando estemos del otro lado”, señala. Hizo cursos de consumo saludable, yoga, electricidad y cursa el segundo año de secundaria.

Esa solidaridad tiene un momento de plenitud en el Tercer Tiempo, que ya llegará. Pero antes se dividen en varios equipos. En esta mañana juegan todos contra todos. En uno de esos partidos los detenidos invitan al cronista-visitante que sólo pretendía correr y moverse un rato. ¿No te animas?, desafía uno de ellos. No hay opción.

Piensa en voz alta: desde los 16 años (el cronista tiene 52) no jugaba al rugby. Mientras tanto Oderigo se pone la camiseta del SIC y le tira una camiseta al cronista.

El ex fiscal José Barbaccia y el apodado “Diente” dejan de cocinar el locro. Diente se pone una camiseta. Barbaccia toma el pito y de fiscal se convierte en juez.

“Eh, fiscal estas dirigiendo como un abogado”, le grita uno de los presos que se siente damnificado. Otro le retruca: “¡Y es abogado!” Habían comenzado ganando los presos de camiseta azul 3 a cero sobre el SIC y era un paseo. La experiencia de Oderigo emparejó las cosas. 3 a 3. Los azules retoman la ventaja 4 a 3.

Luego 4 a 4. Oderigo y Claisse imponen su juego. Pero los azules tienen juventud, piernas, velocidad, cambios de ritmo. Lo sufre el cronista visitante que recibe la pelota de Oderigo y abre el juego a Ben Diez, que se adelanta y ante la marca devuelve el pase al cronista-visitante-rugbier. Que queda atrapado por el cerrojo azul.

Un aguerrido defensor lo tacklea de atrás y lo voltea y lo saca de la cancha. Murmullos “uhhhhh” de varios costados de la cancha. Raspones, magullones y luego risas.

Ante los fallos del árbitro Barbaccia, los adversarios se enojan y el ambiente se pone denso, pero no pasa de algunos gritos, protestas y cargadas.

Cómo es el clima apenas se traspasa el portón

Esta escuela para la libertad y el rescate del ser humano mediante la dignidad del trabajo y el compañerismo se transforma en un club de rugby. Apenas se trasponen los portones de hierro del penal, previa entrega del DNI, se ven jugadores corriendo, calentando, chocando contra colchonetas que sus compañeros sostienen.

Uno se cae, todos ríen. Cuando llega Oderigo estallan: “¡Hola Coquitooo, cómo estas!” El estadio Bernardo Miguens comienza a rugir.

El cronista visitante comienza a correr alrededor de la cancha. Se acerca Maximiliano Arias, detenido, rugbier y boxeador. “Vamos a correr juntos”, propone. Al trote le agregamos piques cortos a fondo por tramos. Y mucha charla aun con la respiración agitada. Conversamos de nuestros hijos, amigos, familia, hábitos deportivos…

Maximiliano señala que el gimnasio está al lado de las escuelas de oficios: carpintería, albañilería, electricidad. Allí se completa la formación en valores.

“Ustedes son un ejemplo. Pero no para sus compañeros de penal, sólamente, sino para 15 millones de personas que hoy viven sin trabajar porque no tienen capacitación ni oportunidades”, apunta el cronista visitante. Todos tienen aquí oportunidades, proyectos de trabajo para cuando salgan de su detención. Para eso, Oderigo gestionó ante más de 100 empresas que ofrezcan contratar a un espartano.

La Fundación Espartanos, sinónimo de empleabilidad, desarrollo y progreso, marca el camino para la recuperación de los excluidos en la Argentina: 15 millones de personas que no trabajan ni estudian y viven del asistencialismo están verdaderamente privados de su libertad. Libertad económica y social. Con dignidad, autoestima y progreso real para su familia recuperarán su libertad, como los espartanos.

Muchos de ellos planifican su futuro fuera del Complejo Penitenciario San Martín. El equipo de Oderigo y Claisse forma para la foto: Arriba: Baracu, Diente, Diego, yo (el cronista), Baraja y Matias. Abajo: Jesús, Cubelli, Coco, Ben 10 y Sergio.

Unos minutos antes, el “Diente”, un gigante de 1,90 metro y no menos de cien kilos, había hablado con este cronista. Su permanente sonrisa de enormes y desprolijos dientes delanteros se había apagado cuando confesó: “Estoy por robo”. Diente está presente en todas las escenas de la mañana. Aparece en la cocina y también en la cancha con su camiseta listo para correr… Mientras pelaba y cortaba zapallo para el locro, a su lado Barbaccia explicó la filosofía espartana.

 

“Diente”, es el primer capitán espartano. Sonriente y simpático, su expresión hoy es afable y trasunta bondad. “Hola genio”, le dice al cronista visitante. Con la música a todo volumen, suena “Sobreviviendo” de Víctor Heredia.

Son un verdadero equipo, con sus bromas, risotadas y sus peleas efímeras. El locro sale a pedir de boca, ideal para una mañana de 5 grados y luego de haber corrido y jugado.

Un poco de historia de Los Espartanos

Coco Oderigo creó Los Espartanos en marzo de 2009, cuando trabajaba en un juzgado federal en donde se detenía y condenaba a delincuentes en la Unidad 48 de San Martín. En una oportunidad les preguntó si les interesaba aprender a jugar al rugby y los detenidos le dijeron que sí. Después fue replicando la experiencia en todas unidades de la provincia de Buenos Aires y del interior y hasta de otros países también.

Pasaron miles de presos-rugbiers por Los Espartanos, otros miles ya salieron en libertad y hoy la cantidad de espartanos en las cárceles supera los 3000 distribuidos en 68 cárceles. Más de cien empresas se animaron a dar trabajo a personas que estuvieron detenidas. Hasta hoy, 96 personas que salieron de la cárcel están trabajando.

El centro educativo espartano de oficios del penal de San Martín tiene tres aulas y un gimnasio que se construyó hace cuatro años. En otro sector está la escuela primaria y secundaria. Oderigo muestra las instalaciones con merecido orgullo.

“Están los oficios que se te ocurran, a toda la gente que quiera venir a dar un curso de lo que sea le decimos que sí: inglés, carpintería, computación…, lo que hagan acá adentro que les sirva afuera. La idea es que empresa viene a dar un curso de computación y después cuando salgan queden enganchados con esa empresa, con inserción laboral”, dice Oderigo antes de ponerse a correr con los pantalones cortos.

Hay seis pabellones de máxima seguridad, cuatro de ellos juegan al rugby y dos al futbol. “Pero estamos tratando de que próximamente jueguen también al rugby”, dice Oderigo con una sonrisa.

“También hemos incorporado mujeres. En seis cárceles en la Argentina ya juegan al rugby o al hockey, para mujeres, son espartanas. Y nos empezamos a meter en algunos pabellones trans en Florencio Varela y en Sierra Chica, por ahora por zoom porque recién empezamos, pero la idea es que hagan rugby y hockey”, señala el fundador de Los Espartanos.

Se acerca Juan “Cubo” con unas maderas talladas: escudos, retratos, imágenes. Su sobrenombre “Cubo” obedece a su gran parecido con el puma Tomás Cubelli. “Estos los hago con cuchillo porque otras herramientas no tengo. Y los hago para la gente a cambio de pañales para mi hija que tuvo un ACV”, dice. Este cronista-visitante le encarga un escudo del Movimiento por los Valores para la Argentina.

Cuando arrancaron en 2009, la cancha era de tosca y piedra. Hoy es pasto sintético. “Empezamos con el fin de que vengan diez jugadores a que vengan a embarrarse acá y ahora hay más de 300 que vienen a practicar, y esas son 300 oportunidades nuevas”, señala el creador de la Fundación Espartanos. Oderigo quebró el escepticismo y el resentimiento de muchos de los presidiarios que no lo veían con confianza en un origen.

La mayoría de los presos no tenía relación con el rugby e incluso le tenían prejuicios. “A mí me parecía un juego de pelotudos”, relata con una sonrisa Marcos Sebastián González, de 41 años. Amigable, habla con profundidad y sabiduría mientras fuma. El cronista-visitante-manguero le pide un cigarrillo y Marcos le convida un Red Point.

“En el futbol, si no se la das a otro y sos morfón, te putean y te dicen ‘pelotudo morfón de mierda’. En el rugby es totalmente diferente, tenes que acompañar al que va con el fulbo (pelota) te guste o no te guste, porque es tu equipo y tiene que tener alguien que lo proteja porque si no no llega a ningún lado”, dice Marcos, que no quiere aparecer en ningún video. Así se toma ahora la vida.

“El rugby me parecía un juego de pelotudos, hasta ese momento”, dice. “Me enseñó a valorarlo él”, dice y lo señala a Leo. Se nota que son amigos entre sí. “Me llamo Leonel Dávila, hace 7 años que estoy detenido y me faltan 90 días por un robo a mano armada… no hubo muertos”, dice Leo de 31.

El cronista visitante le pregunta a Marcos: ¿Y vos qué delito cometiste? “Robos… Algunosssss”, ironiza. Confiesa: “Hace un ratito más que estoy detenido y todavía me falta”. Pero está tranquilo, cree en su segunda oportunidad.

Oderigo relata una anécdota de Marcos. “Siendo referente, no se me acercaba y simplemente se me acercaba y se iba a entrenar…”. Prosigue: “Bueno un día hubo un inconveniente en el pabellón y tuve que ir a hablar y recién ahí él me dice ‘vos no me conoces, pero te quiero contar lo que pasa ta-ta-ta’“.

Y sigue su recuerdo: “Me lo dijo pero con una claridad y me sorprendió: salió a hablar en el momento que tenía que hablar no antes, y yo me lo compre para siempre ahí nomás y le dije: Marcos te quiero cerca. La obra que hizo en el pabellón con las personas es algo espectacular”.

Hablaba de la obra de la recuperación de los seres humanos que hoy son sus amigos. Es que los espartanos, cuando comenzaron la rueda virtuosa de los valores, superan a sus propios maestros en el aprendizaje y es uno, que los visita, quien termina aprendiendo de ellos.

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