Guzmán dijo que “hay un plan y la base es el Frente de Todos”, pero todas las variables están fuera de control

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Dolar, salarios, inflación y peleas internas en el oficialismo. El ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo hoy que “hay un plan y la base es el Frente de Todos”. De ese modo, el Gobierno intenta responderle a la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos que hace una semana reclamó “un plan sólido” para crear empleo “en el sector privado”. Guzmán dice que “hay plan”, pero si lo hubiera no se sorprendería permanentemente con los imprevistos económicos.

Consideraba que tenía controlado el dólar y hoy cerró a 174 pesos, en una escalada infernal en los últimos diez días. En el Presupuesto 2021 estimaba una inflación del 29% anual y en los primeros cinco meses está en 21,5% y se proyecta más del 40%.

La pauta oficial de aumento salarial, según el plan de Guzmán, debía ser de 29% más 2 o 3 puntos para que los salarios le ganen a la inflación. Y ahora todos los sindicatos de la CGT, amiga del Gobierno, están negociando por arriba del 45%. La suba de precios trepa al 3% mensual. Los alimentos del supermercado ya están descontrolados.

Los funcionarios del Tesoro de los Estados Unidos señalaron que la Argentina debe lograr tener “un marco sólido de política económica para Argentina, que brinde una visión para el crecimiento del empleo en el sector privado y obtendría el apoyo de Estados Unidos y la comunidad internacional”.

Ese apoyo sería, claro, para negociar con el FMI y con el Club de Paris. Los técnicos norteamericanos del Tesoro están bien informados y no se los puede engañar fácilmente: la economía argentina tiene 3,9 millones de empleados públicos entre la Nación, las provincias y los municipios; 14 millones de beneficiarios de planes sociales;  6 millones de jubilados y 5 millones de pensionados.

Sólo tiene 9 millones de personas que trabajan en el sector privado y pagan impuestos para mantener a los otros. 9 millones mantienen a 29 millones. A los norteamericanos no les cierran esos números y por eso hablan de crear “trabajo en el sector privado”.

¿Es tan difícil entender que los técnicos del Tesoro, que algo estudiaron, se dan cuenta de que la macroeconomía no es viable? Por eso piden un plan para plantear un horizonte donde vaya en camino de revertir el déficit que hoy ronda por ese desfasaje los 400.000 millones de pesos.

Los yanquis no lo dicen porque sean el Imperio, sino porque si ellos estuvieran en esta situación harían lo que hizo Franklin Delano Roosevelt en 1933, luego de la Gran Depresión, cuando diseñó el New Deal: generó proyectos productivos, recuperó los recursos naturales, puso en marcha los recursos económicos y educó a los recursos humanos. Millones de jóvenes fueron enrolados en planes de capacitación laboral sobre los mismos proyectos de creación de riqueza que iba generando.

Ese era su plan y lo cumplió a rajatabla. Fue reelegido cinco veces. El economista Luis Palma Cané, que está en los Estados Unidos, señaló: “Aquí en Nueva York mis colegas académicos y profesionales nos consideran parte de la ESCORIA ECONÓMICA/FINANCIERA MUNDIAL!”

Dentro del plan del Gobierno, el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, tuvo que negociar con las organizaciones piqueteras otorgarle una paritaria a los 15 millones de beneficiarios de planes sociales que acompañe la inflación real y las paritarias sindicales pese a que no están sindicalizados. ¿Ese es el plan?

Eso sí, no les exigió ninguna contraprestación laboral ni educativa a cambio de más dinero para seguir incrementando los planes sociales.

En realidad, lo que Guzmán denomina “el plan y su base que es el Frente de Todos” va cambiando todos los días y todos los días trae una sorpresa diferente. Un día Sergio Massa aumenta el mínimo no imponible de ganancias por encima de 150.000 pesos y luego de sancionada la ley Economía no lo reglamenta.

Otro día la AFIP recategoriza el régimen de Monotributo y le cobra deudas retroactivas a los monotributistas y al otro día dan marcha atrás y otorgan un alivio fiscal. El plan es la prueba y error permanente. Y sobre todo el error.

El ministro diferenció el proyecto del FdT de iniciativas como la Convertibilidad el Plan Austral, a los que llamó “estabilizaciones cambiarias”. Pero Guzmán no tiene siquiera un plan de estabilización cambiaria, porque el dólar puede dispararse luego de las elecciones. Simple y sencillo: si persiste la inflación, no hay manera de frenar al dólar.

La crítica de los Estados Unidos a la macroeconomía argentina, por la ausencia de un plan económico, provocó al ministro de Economía que defendió su gestión. “Ese es el plan. Hay una estrategia económica y una definición de principios. Un plan es definir un rumbo, un principio de administración, y aplicar los instrumentos de la política pública, y eso se está haciendo. Puede ser que haya gente que no le guste el plan y por eso diga ‘no hay plan’”, dijo.

Curioso: hace una semana, el documento emitido por Estados Unidos fue considerado un elogio por el Ministerio de Economía, que lo tomó como un apoyo de EE.UU. ¿Ahora resulta que el documento es la manifestación de que no les gusta el plan? ¿En qué quedamos? ¿No era que les había encantado el plan?

Es que en realidad rige el “Plan Ganemos las Elecciones y Después Vemos”: congelamientos de precios, tarifas, gas, luz, combustibles, otorgamiento de créditos, planes de pagos, incentivos al consumo, Ahora 12, 18, etc, aumentos de salarios, bonos para jubilados, más aumentos para planes. El plan es la felicidad del pueblo, al menos hasta que vaya a las urnas. Luego, el aumento de la inflación ocurrirá cuando hayan pasado las elecciones y haya que pagar la fiesta.

El plan de Guzmán, también, es hacer una fuerte ampliación del presupuesto para sostener todo ese gasto. En parte será financiado por los mayores ingresos de la soja, por los impuestos a la riqueza y por la emisión monetaria.

Merced al plan de Guzmán, el mercado financiero, Morgan Stanley Capital International (MSCI), que elabora índices para categorizar a los distintos mercados en el mundo, determinó que la Argentina “descenderá” al grupo de “standalone” (ser único o independiente). Está compuesto por cuatro categorías de riesgo: los desarrollados, emergentes, de frontera o independientes.

Los países que caen en el último nivel pierden financiamiento para sus empresas. Parece que el plan no estaría funcionando.

“El pueblo argentino eligió a Alberto Fernández como presidente y a Cristina Fernández como vicepresidenta; ellos son los líderes de este proyecto que tiene un rumbo muy definido que es la idea de tranquilizar la economía, y una sociedad que aprende, genera conocimiento y trabajo, e incluye, es más dinámica y estable”, dijo Guzmán en el Instituto Balseiro.

La armonía que describe entre Alberto y Cristina no es lo que ocurre. Cristina Kirchner le vetó al propio ministro de Economía el aumento de tarifas de luz y ordenó el congelamiento total, no sólo en luz, sino también en gas y en combustibles.

También la vicepresidenta fue quien tumbó la pauta salarial original de “29% más 2 o 3 puntos” y la puso por encima del 40% cuando le dio ese aumento a los legislativos. Ella misma ordenó la suspensión de las exportaciones de carnes y en lugar de reanudarlas se las limita, matando la gallina de los huevos de oro.

Precios Máximos, Precios Cuidados y cepos por todos lados, todo dictado desde La Plata por el gobernador bonaerense Axel Kicillof, futuro presidente según Dady Brieva.

La vicepresidenta presiona ahora por la estatización del sistema de salud y de la Hidrovía, algo que por ahora la Casa Rosada resiste. Pero el plan parecería ser el desacuerdo permanente y el cambio de reglas de juego de la noche a la mañana. Incluso, hasta la propiedad privada parece estar hoy en tela de juicio.

También el plan original del ministro era acordar la renegociación de la deuda de 44.000 millones de dólares con el FMI antes de las elecciones, hacer un ajuste fiscal para lograr un Acuerdo de Facilidades Extendidas, pero la ex presidenta dio por tierra con ese plan.

En Europa, el presidente Alberto Fernández sufrió presiones para apurar ese acuerdo como condición para refinanciar la deuda con el Club de Paris. Pero cuando llegó a Buenos Aires esa premura comenzó a desacelerarse nuevamente. Es que el apuro para pagarle al FMI no estaba en los planes de Cristina Kirchner.

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