Sin suficientes testeos, no se puede aislar a los asintomáticos y se termina aislando a todo un país, tarde y mal

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Desde que se desató la pandemia, el Talón de Aquiles de la política sanitaria del gobierno de Alberto Fernández fue la insuficiencia de los testeos. Ello impidió detectar al virus Covid 19 para aislarlo a tiempo y cortar la cadena de contagios. En otras palabras, si hubiera habido suficientes testeos, tal vez no hubiera sido necesario el aislamiento masivo del confinamiento que hubo en 2020 y el que se dispone ahora. Testear y aislar a los contagiados asintomáticos evita aislar luego a todos.

También las deficiencias en la vacunación son parte del problema. Tanto por no haber conseguido más vacunas como la de Pfizer y por la lentitud para aplicar las inyecciones. Hoy la Argentina tiene 12,6 millones de dosis distribuidas en el país y sólo se aplicaron 11 millones. Hay 1,6 millones que están en las heladeras y no en las personas. Son 1,6 millones de potenciales contagios o camas UTI.

También son ciertos los incumplimientos de los laboratorios a nivel mundial: hubo demoras en las entregas de las vacunas de AstraZeneca, Sputnik V, Sinopharm y el Fondo Covax. Pero en la Argentina no tenemos Pfizer, Sinovac, CanSino, ni Johnson y Johnson porque faltó la capacidad de gestión.

También fallaron los controles en las medidas restrictivas parciales que se dispusieron con el fin de no hacer un confinamiento total. Para evitar el cierre total se pedía distanciamiento, protocolos, cierres de locales y comercios, que no se cumplieron.

Además, la política no dio el ejemplo y generó reuniones masivas en las que participaron el Presidente y los principales funcionarios (velatorios masivos y mitines políticos). Y las fuerzas de seguridad no pudieron remover piquetes ni marchas callejeras que fueron focos de contagio. Mientras el Gobierno le echaba la culpa a la Ciudad por no cerrar las escuelas, donde existen 1,5% de contagios.

Volviendo a los testeos, esa política falló tanto con el ex ministro de Salud Ginés González García como con la actual Carla Vizzotti. En la última reunión de infectólogos con el Presidente uno de los expertos se lo dijo con todas las letras: “Presidente, lo que pasa es que no se está testeando nada”.

Alberto Fernández calló y tomó la palabra Vizzotti: “En el día de ayer (martes 18 de mayo) hubo 125 mil testeos”, respondió para refutarlo. El infectólogo respondió: “Pero los fines de semana hacen 50 mil o 60 mil”. Además, la cifra conveniente para esta coyuntura sería al menos 400 mil testeos por día.

La prueba de la escasez de testeos es la alta positividad. Ronda el 35% por día y anteayer fue del 37%. Esto implica que vamos atrás del virus y no lo acorralamos. El sentido del testeo es tener la información clave sobre dónde está el Covid.

Si sólo se testean a los que tienen síntomas, es probable que haya muchos positivos registrados, pero que no se esté detectando a los asintomáticos. Por lo tanto, los asintomáticos circulan entre la gente y contagian. No se corta la cadena de contagios, sino que continúa y se propaga. Si sólo se aísla a los que tienen síntomas, lo único que se logra es el reposo de los infectados, pero no la prevención.

Entonces, el virus se propaga porque los asintomáticos siguen caminando por la calle y continúan con la cadena de contagios, por lo cual un día se torna necesario aislar a todo un país por no haber aislado sólo a los contagiados sin síntomas, que son realmente a los que hay que encontrar. ¿Cómo? Hay que hacer un seguimiento de contagiado, identificar a sus contactos estrechos (con o sin síntomas) y testearlos para aislar a los que están contagiados con síntomas y a los que no lo saben.

Por cada contagiado, habría que hacer 5 o 6 testeos más a otras personas para descubrir a quién contagió en su período asintomático. Y allí aislarlo. De lo contrario, habrá que aislar a toda la población el día en que se hagan ingobernables.

En el Ministerio de Salud no tienen la misma visión. “No estamos de acuerdo con que sólo lo hay que testar. Es una herramienta fundamental, porque tiene que ser oportuno, temprano. Pero más que la cantidad de testeos es cuándo testeas”, dijo un funcionario del área epidemiológica a La Nueva República.

“Lo importante es que la población tenga acceso temprano y rápido porque, si no, no sirve. Y entonces el testeo lo que tiene es que es una herramienta para lo que tenés que hacer, que es aislar casos y contactos. Si vos testeas y no haces ninguna otra política en relación a los positivos no sirve de nada”, dijo.

“Además de testear mucho, hay que disminuir la circulación y la transmisión de la enfermedad porque si no vas a tener muchos casos”, agregó la fuente. Parece el “Cuento de la Buena Pipa”: precisamente, para aislar casos y disminuir la circulación del virus hay que testear mucho. No se entiende el argumento.

Una prueba de la necesidad de testear mucho es lo que ocurrió éste sábado 22 de mayo. Hubo un record de casos para un día sábado: 32.171. Sin embargo, se registraron 180.387 testeos, el doble de los 90 mil de promedio diarios durante la semana. Lo cual demostró que cuando se aumentan los testeos se reduce la positividad: ayer fue de 17,8%, la mitad que el 35% habitual.

Si hubiera habido 400 mil testeos, la positividad hubiera bajado aún más, alrededor del 10%, que es el techo que recomienda la OMS para indicar que se está testeando lo suficiente para encontrar el virus y sacarlo de circulación. Y esto habría que repetirlo día a día para sacar de circulación a los asintomáticos que cargan con el virus y podrían esparcirlo.

Esto es así porque, si bien se encuentran más positivos en términos absolutos, al testear más, ello disminuye la positividad y permite aislarlos aunque sean asintomáticos. En otras palabras, nominalmente hay más positivos y parece que el virus crece, pero en términos relativos baja la cantidad de positivos en relación a los testeos: la positividad. Precisamente para eso son los testeos: para aislar más contagiados, y sólo a ellos, sin tener la necesidad de aislar a todo un país, tarde y mal.

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