La gira europea dejó a Alberto la certeza de que debe apurar el acuerdo con el FMI en contra de Cristina

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Debió cambiar su discurso y la política dictada por Cristina Kirchner. El presidente Alberto Fernández viajó a Europa con el propósito de obtener un respaldo de algunos países centrales a la renegociación de la deuda de 44.000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y regresó con la certeza de que los principales líderes del mundo le exigen que el acuerdo debe consumarse en forma urgente y no en los tiempos que le convengan electoralmente al Frente de Todos.

El Presidente está en un problema. El mundo le pide un acuerdo urgente de pagos con el FMI que implicaría un ajuste fiscal, pero la vicepresidenta no acepta que ese acuerdo sean antes de las elecciones del 14 de noviembre, sino que debe ser después.

Ni bien comenzó la gira europea, el primer mandatario informaba en todas las conferencias de prensa ante los periodistas enviados a Europa que los jefes de Estado y de gobierno de cada país le iban dando un rotundo apoyo para la renegociación con el FMI. Pero omitía que ese respaldo tenía como contrapartida la urgencia por acordar con el Fondo.

El primero en blanquear esa exigencia fue el presidente de Francia, Emmanuel Macron. El líder galo le dijo claramente que Francia estaba dispuesta a postergar la cancelación de la deuda de 2400 millones con el Club de Paris que vence el 31 de mayo, pero que para eso era necesario que la Argentina llegara antes a un acuerdo con el Fondo. La exigencia era técnicamente imposible, pero implicaba un gesto grande de Fernández.

“Deseamos que Argentina logre lo antes posible un acuerdo con el FMI”, dijo Macron a los periodistas con Fernández a su lado. “Lo antes posible” indicaba una urgencia para la Argentina no para el FMI. “Y alentamos también a Argentina a negociar en forma constructiva con sus acreedores del Club de París”. “Constructiva” define con claridad que la Argentina no debe pedir nada fuera de lugar. El Club de Paris no puede sentar precedentes de concesiones ante otros países porque tiene reglas estrictas.

En privado, ese mensaje también se lo dieron el primer ministro de Portugal, Antonio Costa; el presidente de España, Pedro Sanchez, y el de Italia, Sergio Mattarella. Es por ello que Alberto Fernández acordó una reunión de urgencia con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, en Roma antes de volver a Buenos Aires.

Hasta ese momento, el discurso del Presidente en todas sus declaraciones desde hace meses iba estaba alineado con el de la vicepresidenta Cristina Kirchner: la Argentina quiere un buen acuerdo con el FMI pero no cualquier acuerdo sino uno no  necesariamente rápido, sino que no perjudique a los argentinos.

Pero luego de la reunión con Georgieva el discurso de Alberto cambió drásticamente: “La vocación es firmar un acuerdo lo más rápido posible, pero no podemos pensar en un acuerdo que exija mayores esfuerzos al pueblo argentino”. El apriete de los europeos provocó un cambio en la urgencia que marca la frase lo más rápido posible.

La primera parte de la frase era para el FMI y para Macron. La segunda parte fue dirigida a Cristina Kirchner. El interrogante ahora consiste en saber cómo tomará la vicepresidenta ese giro en el discurso presidencial forzado por las reuniones de los presidentes europeos.

¿Que significa esta nueva fórmula dialéctica? “Que pagamos, pero no a costa de los argentinos. En el tiempo que podamos. Sería un poco esa línea”, dicen en la Casa Rosada luego de las palabras del Presidente, pero sin demasiadas precisiones.

“La verdad es que hay mucho silencio pero van a hacer algún ‘firulete’ temporal como para decir que se encamina lo del FMI para lograr que el Club de Paris postergue el vencimiento de 2400 millones del 31 de mayo”, dijo otro funcionario de la Casa Rosada con llegada al ministro de Economía, Martín Guzmán, el principal blanco de Cristina.

Alberto Fernández hizo un “firulete” oral con su promesa de acelerar un acuerdo pero que no perjudique a los argentinos. Ahora, según los funcionarios, el “firulete” tiene que quedar por escrito y podría tomar la forma de un compromiso del Gobierno para cerrar un acuerdo lo antes posible con el Fondo. Ese salvoconducto le permitiría a Martín Guzmán patear el pago del Club de Paris.

De hecho, a las pocas horas de la frase de Alberto, el Club de París dio a conocer a través de un trascendido de Bloomberg que estaba dispuesto a prorrogar el pago de la Argentina bajo ciertas condiciones que no especificó.

Así las cosas, partir de la gira europea, el curso de los acontecimientos podría cambiar para Alberto Fernández pero no en el sentido que le dictaba Cristina Kirchner, sino en el sentido contrario. La vicepresidenta no aceptaba ajustes en la campaña electoral y por eso quería prorrogar el acuerdo con el organismo.

Fue el principal motivo de pelea con Guzmán en Buenos Aires. Entre esos ajustes que no acepta Cristina se incluyen las subas de tarifas eléctricas. Guzmán quiso despedir a Federico Basualdo, subsecretario de Energía Eléctrica, de La Cámpora, precisamente porque se oponía a los aumentos de tarifas con el aval de Cristina. La ex presidenta no sólo puso el freno al aumento, sino que frenó el despido de Basualdo.

El descrédito para Guzmán, y por lo tanto para Alberto, llevó al Presidente a montar la “foto de la unidad” en el Pacto de Ensenada, hace dos semanas, donde todos posaron para simular las divisiones profundas en el Frente de Todos.

En el oficialismo se discute ahora si el compromiso de Alberto para apurar el acuerdo de facilidades extendidas con el Fondo implicará un nuevo ajuste fiscal que comprometa a la campaña electoral y justo cuando en la Argentina fluyen dólares-soja y el kirchnerismo está tentado para usarlos en el proselitismo. Ahora que aumenta la recaudación fiscal por las retenciones y la suba del precio de los commodities se avecina una nueva disputa por los recursos entre albertistas y kirchneristas.

La pelea interna parece no ceder: Cristina Krirchner logró que el Senado votara un proyecto de declaración que le exige a Guzmán que los derechos especiales de giro (DEG) del FMI por 4300 millones de dólares a la Argentina no se destinen a pagar deuda, sino a compensar a los damnificados por la crisis económica que causó la pandemia de Covid.

Pero esos recursos no se pueden utilizar en gastos corrientes porque son asientos contables que sólo pueden engrosar las reservas del Banco Central. El kirchnerismo no tiene por qué saber de finanzas. El Presidente ahora tendrá que mostrar las cartas y apurar un acuerdo con el FMI y su principal desafío es que su socia, madrina política y jefa lo entienda, porque la prioridad de ella, en realidad, es ganar las elecciones para preservar el poder político y seguir pateando sus penurias judiciales.

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