El temor de Cristina a una crisis sanitaria del conurbano llevó a Alberto a la guerra contra Horacio

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Si se desmadra, perdería las elecciones en “su” territorio. Luego de los anuncios de cierre de la educación de Alberto Fernández, queda claro que estamos en una guerra declarada por Cristina Kirchner contra la Ciudad de Buenos Aires y su jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta. El motivo de fondo es que la vicepresidenta y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, temen un desastre sanitario y económico en el conurbano.

Y si ello ocurre, significaría una mala elección en las PASO de agosto y más aún en las generales de octubre, nada menos que en su principal bastión electoral.

Una derrota en el conurbano en las primarias sería una catástrofe electoral en todo el país en las generales. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Esa realidad es la madre de la presión sobre Alberto Fernández para cerrar las escuelas, los comercios y culpar del desastre a Rodríguez Larreta.

No solo había que volver a fase 2, sino responsabilizar al principal adversario político, Rodríguez Larreta, y asociarlo a Mauricio Macri y a Patricia Bullrich para que nadie se confunda. Larreta es el adversario para polarizar la contienda y es el espejo en el que ningún elector debe querer reflejarse.

Según pudo saber La Nueva Reública, Cristina Kirchner presionó a Alberto Fernández para ir a fondo con las medidas. Kicillof también participó, junto a Daniel Gollán y a Nicolás Kreplak, de la construcción del escenario propicio para que la ex presidenta actuara sobre su delfín. La vicepresidenta no lo molesta a Alberto en el día a día, se mantiene al margen.

Pero sí actúa espasmódicamente y de forma explosiva cuando hay un tema puntual que la molesta. En esos momentos se producen los llamados intempestivos. Este fue uno de ellos.

El último gran llamado fue la elección del ministro de Justicia, que por imperio de sus explosivas reacciones terminó siendo Martín Soria. “A Soria lo puso ella, no fue él”, confiesan ahora en el oficialismo. Fue el reemplazo de Marcela Losardo.

Este cierre total de escuelas es el pensamiento de ella y de Kicillof: el gobernador tenía escuelas cerradas de hecho y los sindicatos docentes K, como Suteba y UTE, no tenían todos sus afiliados vacunados. Un peligro latente para la legitimidad interna dentro del Frente de Todos. El cierre total por la pandemia fue la receta de la dupla hiper K. Incluso muchos dicen que ella sería más dura que Alberto. Si fuera por ella, clausuraría todas las actividades.

La otra receta de ella fue insultarlo de arriba abajo a Rodríguez Larreta por los avatares de la pandemia para justificar el cierre de escuelas, comercios y restaurantes. Ese libreto fue el elegido por Alberto en Olivos en su conferencia de prensa y por Kicillof en su conferencia en La Plata: la Ciudad es el epicentro de los contagios, dijo.

Las alarmas estallaron en el oficialismo cuando la ex gobernadora María Eugenia Vidal salió a promocionar su libro y a dar conferencias y reportajes. La perspectiva de que Vidal sea candidata en la provincia ensombrece el panorama para Cristina y para Kicillof. El oficialismo no tiene un candidato en la provincia que le garantice el triunfo.

Suenan varios nombres: Fernanda Raverta, Malena Galmarini, ahora muy cercana a Cristina vía Sergio Massa, o Sergio Berni. También se habla de algún candidato del gabinete de Alberto. ¿Santiago Cafiero? Podría.

“El problema es que contra Vidal perdemos”, dicen en el oficialismo. No es verdad que no estén pensando en especulaciones electorales, como dicen Alberto y Kicillof cuando salieron a hablar. Mientras ellos cerraban la economía, la educación y anunciaban medidas intervencionistas contra la inflación, el ministro del Interior, Eduardo Wado De Pedro, junto a Massa y Máximo Kirchner, convocó a los bloques legislativos para insistir con la postergación de las PASO.

Las elecciones es lo único que importa en el Frente de Todos y en el Instituto Patria en estos tiempos. Una derrota haría mucho más dificil el camino judicial para las causas que molestan a Cristina Kirchner y sus hijos por corrupción. Presumen que si los comicios son en plena crisis de contagios y sin vacunar a todos, la derrota podría ser fulminante en agosto. Es necesario ganar un mes o quizás más.

Ante este panorama, Juntos por el Cambio suele dudar más de lo aconsejable y se debate en posturas internas entre moderados, comprensivos del Gobierno y halcones. Algunos dicen que hay que ceder en la postergación porque el Covid lo impone. El electorado de JXC mira con desconfianza y atina a defenderse en soledad, con cacerolazos y marchas. Algunos incentivan a los más duros. Perciben que existe tibieza de algunos sectores de JXC y gana el nerviosismo.

La jugada de Horacio Rodríguez Larreta de ir a la Corte fue aprobada por muchos votantes propios como la única alternativa jurídica posible. Pero la otra ala de la biblioteca jurídica dice que fue un acto de excesiva moderación y un sector de votantes no se siente defendido: dicen que Horacio podría haber desconocido el DNU de Alberto Fernández porque la Nacion no puede legislar sobre competencias delegadas a la Ciudad como la educación y los comercios y menos sin antes pasar por el Congreso.

El propio gobierno porteño lo equiparó a una intervención federal en su presentación de amparo que hizo ante la Corte entre otros argumentos. La figura de la intervención federal debería ser dispuesta por el Parlamento. Incluso, cualquier DNU debe pasar por el Poder Legislativo antes de tener vigencia y ejecutividad.

Por otra parte, ninguna provincia adhirió al decreto del Presidente por más que Alberto lo pidió expresamente. Menos aún Cordoba y Santa Fe, anunciaron expresamente que seguirían con el DNU anterior, el 235. Juan Schiaretti y Omar Perotti son del peronismo y del Frente de Todos. Un desaire al propio lider del FDT.

Por eso algunos sostienen que la Ciudad podría haber garantizado las clases con un fuerte protocolo, con medidas de restricción sobre el transporte y sobre la salida de las escuelas, para que las “mamis” no estén unidas y contagiadas.

Sin embargo, Horacio acató el cierre de escuelas, bares y restaurantes. Con discurso duro, pero sin patear el tablero. Hacerlo implicaba jugarse a que cualquier aumento de contagios lo hiciera responsable en el futuro.

Diluyó así su eventual responsabilidad. Si desoía el DNU obligaba a Alberto a escalar el conflicto. En todo caso, podía ser Alberto el que recurriera a la Corte o el que interviniera la Ciudad, que ahora espera la buena voluntad de la Corte.

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