La política debate entre halcones y palomas, pero se trata de tener objetivos y políticas para cumplirlos

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No se trata de ser moderados o pegar cuatro gritos. Sino de tener claros los objetivos y las políticas. En las redes sociales y en la política, se instaló un debate profundo acerca de si hay que ser más o menos duros, inflexibles o intransigentes. Se debate la radicalización frente al otro y no la solución a los problemas reales. Halcones versus palomas, es una discusión que cruza al oficialismo y la oposición. Pero el país se recuperará si encuentra al líder sereno, aplomado y con sentido común que sepa diagnosticar el problema de fondo y formular la solución, con un plan sensato y realista.

No más que eso, ni menos. La Argentina no saldrá adelante a fuerza de frentes políticos o líderes que tengan mayor o menor capacidad de gritar, enojarse o patalear en un estudio de televisión, en un banderazo o en un tuit. Los ciudadanos tienen que dejar de reclamar sangre y venganza y pedir ideas, objetivos y políticas, porque sólo con ellos la economía podrá salir del atraso. Soluciones hay, sólo hay que buscarlas, encontrarlas y aplicarlas. Nada nuevo bajo el sol.

No tiene sentido seguir discutiendo discursos, posturas, poses, frases, insultos, marchas callejeras o tuits, como si de ello fueran a salir las soluciones para un país. Tanto Cristina Kirchner, como Mauricio Macri y ahora Alberto Fernández han fallado en la formulación del diagnóstico, los objetivos y la política. Alguien en la política tiene que adoptar la agenda del argentino medio, de la recuperación cultural y social, y fundamentalmente del rescate del ser humano castigado por la falta de ideas.

Cristina tenía el objetivo del modelo de redistribución del ingreso con matriz diversificada y apuesta al consumo sobre la inversión. Y terminó celebrando semana a semana el aumento de planes sociales sin advertir que eran la causa y la consecuencia del crecimiento de la pobreza. Mientras tanto, buscaba recuperar los superávits gemelos con manotazos: la resolución 125 contra el campo, la estatización de la Anses o la quita de reservas al Banco Central. Sin darse cuenta de que el agujero negro estaba en el crecimiento de las asignaciones sociales, los subsidios a la energía y el transporte y la economía en negro. Buscaba soluciones donde no las había. Se ponía objetivos irrealizables. Y terminó con un déficit insostenible, presión tributaria altísima, inflación y recesión económica. Eso sí, Ernesto Laclau le mostró el camino y ella optó por la líder populista radicalizada, pero de nada le alcanzó.

Mauricio llegó al poder con el objetivo de bajar gasto y la inflación para recuperar las inversiones que iban a venir en forma de lluvia y cayó en el facilismo intelectual del aumento de planes sociales tanto en cantidad como en el monto y en el aumento del gasto público. Para no pelearse con el peronismo y los movimientos sociales, terminó cediendo recursos por demás al populismo piquetero y a los gobernadores, mientras que intentaba compensarlo con una reducción en subsidios vía ajuste de tarifas mal aplicado, sin bajar el déficit ni la inflación. No hizo acuerdos políticos con la oposición, los empresarios y los sindicatos para fijar reglas de juego para la inversión, la incorporación de empleo, aliviar la presión tributaria y capacitar a millones de titulares de planes sociales excluidos, cuya incorporación al sistema hubiera servido para equilibrar el gasto y mostrar un sendero de recuperación. Ni luchó contra la informalidad del 50% la economía que podría generar ingresos para jubilados y equilibrar las cuentas. No hizo las transformaciones reales y lo tapó el déficit, la inflación y la recesión. Y la falta de acuerdos políticos ordenó a su oposición. Eso sí, Duran Barba lo hizo moderado, moderno, cerebral y no confrontativo, pero de nada sirvió.

Alberto vuelve a caer en la misma trampa. Comenzó vendiendo la imagen de un moderado y ahora para no romper con el kirchnerismo es un cruzado contra la oposición, el Poder Judicial y los medios. Su objetivo era llenar la heladera de los argentinos y volver a comer asado. Pero los avatares de la pandemia y de las necesidades de Cristina Kirchner lo distrajeron y las promesas no estarían ocurriendo. Sin incentivos para que las empresas inviertan, con un déficit colosal, una presión tributaria insoportable, y un pueblo que no tiene capacidad para educarse, formarse, capacitarse en competencias laborales, las asignaciones sociales parecen no tener techo y el gasto público no bajará porque siempre se necesitará más dinero para tapar más pobreza, más inflación y más gasto. En un contexto de un país cuyas fuerzas productivas están paradas: los empresarios porque no invierten; los trabajadores porque no tienen habilidades y no pueden incorporarse al empleo y el Estado porque no sabe dar incentivos para unos ni para otros. De nada le servirá a Alberto ponerse a gritar en el Congreso o chicanear al ex gobierno de Macri si no tiene soluciones a mano, objetivos y políticas claras.

Y a los ciudadanos de nada les sirve discutir qué político puede ofrecerles más sangre contra su opositor, sino elegir al líder que le pueda ofrecer un plan que implique más trabajo y más producción, para lo cual se necesita:

*Un plan masivo de capacitación laboral en todas las competencias que el sector privado requiera para desarrollarse a 30 años. Y poner a capacitar a millones de beneficiarios de planes sociales y actuales empleados públicos improductivos. Es insostenible que 9 millones de personas mantengan a 30 millones de personas que por una vía o por otra dependen de un cheque del Estado. Rescatar al ser humano también es rescatar la economía.

*Incentivos claros para que las empresas y las Pymes puedan incorporar trabajadores recién capacitados.

*Una política tributaria que permita invertir en proyectos productivos reales a las empresas y dedicar recursos al consumo para los ciudadanos.

*La conformación de una política asociativista que pueda generar una cadena de cooperativas productivas de alto valor agregado con capacitación laboral de alta calificación (no solo reciclado de residuos o cartoneros).

*Una lucha contra la informalidad laboral y de toda la economía para recuperar recursos al tiempo que se bajan impuestos.

*Crear riqueza para que circule entre los argentinos y no repartir pobreza en planes sociales que termina en una guerra de pobres contra pobres.

*Un plan de seguridad vinculado a la recuperación de los presos y de los delincuentes en una resocialización vía educación, capacitación y trabajo. Con premios a los que cumplen y castigo a los incumplidores.

*Recuperar la noción de derechos y obligaciones, premios y castigos, cultura del trabajo y esfuerzo, educación y superación personal.

*Un plan educativo basado en la difusión de conocimientos científicos, culturales, laborales para los chicos desde los cero años de edad, sin adoctrinamientos culturales, políticos o sociales.

*Un plan de reducción del gasto público, de achicamiento de la planta de personal, autos, edificios, funcionarios, direcciones, secretarías, subsecretarías y Ministerios. Tener 20 ministerios hoy frente a los 8 de los años 90 parece un despropósito. Es un estado lleno de «ravioles» (casilleros en el organigrama) y «ñoquis» (aparecen el 29 a cobrar) que no tienen prioridades ni resultados.

En suma, un país que vuelva a ocuparse de las cosas en lugar de ocuparse de cómo descalificar al otro, como agigantar la grieta y como ser más halcones que palomas, más radicalizados o moderados, o como canalizar nuestros prejuicios y nuestros traumas de relacionamiento social. Ya lo dijo José Ortega y Gasset en 1939: «¡Argentinos! ¡A las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal».

 

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