Lejos de ser una «maldición», la exportación de agroalimentos implica el 73% del ingreso de dólares al país

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Fernanda Vallejos no sabía de lo que habla. La ignorancia, la estupidez y la necedad son la maldición. Y más si provienen de quienes gobiernan. La diputada y economista kirchnerista Fernanda Vallejos dijo que “la Argentina tiene la maldición de exportar alimentos”. En 2020, las exportaciones de productos agropecuarios fueron de 40.000 millones de dólares, el 73% de los 55.000 millones que nuestro país exportó al mundo. Es la única vía por la cual la Argentina obtiene los dólares que necesita.

¿Cómo se puede ser tan ignorante una diputada y más aún una economista? La ideología puede taparles los ojos, los oídos y la nariz a los fundamentalistas. La Argentina puede producir alimentos para 400 millones de personas en el mundo y para la diputada ese comercio potencial es una maldición.

Con ese potencial, entre otros que tiene la Argentina (energía, minería, turismo, Pymes, servicios, informática, industrias, etcétera) otros pueblos ya hubieran ubicado a su país como primera o segunda potencia mundial. Nuestra clase política sólo se dedica a esquilmar a los que producen y achatar al pueblo en la dejadez sin educación.

Para completar su desatinada reflexión, por calificarla de alguna manera, Vallejos dijo que exportar “es una desgracia, que a veces se piensa que es una bendición”. Y explicó el impacto que los precios internacionales de las commodities tienen en los precios internos como si fuera una verdad revelada.

Como si en la Argentina el maíz, el trigo, la soja o la carne aumentaran sus precios porque sus productores se les ocurre el sacrilegio de exportarlos al mundo y entonces generan escasez y alta demanda por lo cual suben sus precios.

En realidad, la verdadera maldición es la inflación, generada porque el gasto público del Estado es abismal, porque 9 millones de personas sostienen a 30 millones que dependen del Estado. Porque no existe cultura del trabajo en los jóvenes; ni educación para las nuevas demandas laborales; porque es mejor recibir un plan o un beneficio que trabajar, según la receta de la directora del Inadi, Victoria Donda.

Porque ser pobre es mejor que apostar a la “meritocracia”, según la filosofía del presidente Alberto Fernández.

Esos alimentos van aumentando sus precios porque ese gasto hay que financiarlo con cada vez más impuestos, que pagan los ciudadanos y los empresarios, que dejan el 60% de su facturación anual en el socio bobo del Estado; o se financia con una monstruosa emisión monetaria que deriva en inevitable suba de precios en toda la economía y también en los alimentos.

Por el contrario, si se exportaran más cantidades sería porque existirían muchas empresas que producirían más volumen; habría más empleo, menos jóvenes aspirando a cobrar planes sociales y menos gasto social; más personas pagarían impuestos y menos empresas verían incrementada su presión tributaria.

Por lo tanto, no existiría presión sobre los precios y toda la economía tendría un mayor poder adquisitivo para poder abastecer a las familias. Pero según Vallejos, el problema es la solución y la solución es el problema.

La Argentina tiene a las exportaciones, hoy por hoy, como única vía de ingreso de dólares al país, que es justamente lo que necesita el Banco Central para poder incrementar sus reservas y lograr menos presión sobre el tipo de cambio. De hecho, el gobierno nacional y popular les exige a los productores de soja que liquiden sus divisas y exporten sus cosechas y no las guarden en los silos bolsa, que sospechosamente son atacados por manos anónimas con incitación de periodistas K.

¿Exportar soja entonces es nacional y popular y exportar alimentos como maíz es una maldición? El razonamiento podría considerarse esquizofrénico por no usar terminología más contundente y ofensiva.

Un informe del consultor Marcelo Elizondo, experto en comercio internacional, consigna que las exportaciones agropecuarias (alimentos básicamente) son el único camino en la Argentina para acceder a dólares de manera genuina en este momento.

«Esto asigna al sector agroindustrial exportador una relevancia estratégica notoria en la Argentina en tiempos en los que las cuestiones cambiarias adquieren un significado económico, financiero y político», dice Elizondo en su informe.

Agrega que en economías normales hay diversas maneras de incorporar dólares:

*Con la recepción de inversión extranjera,

*El acceso a financiamiento externo,

*Los cobros de capital o intereses por operaciones financieras generadas desde el territorio nacional,

*La recepción de remesas por parte de nacionales en el exterior,

*La recepción de utilidades de empresas nacionales que operan en el extranjero o

*El resultado del comercio exterior (bienes y servicios)

La Argentina casi no tiene inversión extranjera, ni empresas actuando en el extranjero, ni un gran flujo de remesas. Sólo recibió dólares por vía del financiamiento externo (deuda) o por el comercio exterior. Pero el financiamiento se interrumpió desde 2018 con la crisis de Mauricio Macri, con la renegociación de la deuda privada y la renegociación incierta ahora con el FMI. Solo quedó el comercio exterior como factor de ingreso de dólares y la mayoría son de ellos llegan por la venta de alimentos.

Vale decir que Vallejos quiere matar a la última gallina de los huevos de oro. Según Elizondo, en 2020 las exportaciones totales llegaron a 55.200 millones de dólares, en números preliminares.

De ellas, 16.700 millones fueron de productos primarios (casi todos agropecuarios) y 23.800 millones por productos manufacturados de origen agropecuario. Es decir que unos 40.000 millones fueron de origen agroalimenticios, el 72% del total (mayor porcentaje del Siglo XXI y sólo registrado hace unos 35 años).

Los mayores rubros exportados en 2020 fueron los cereales (9.100 millones de dólares), las harinas de soja (8.700 millones), las grasas y aceites (4.900 millones) y semillas oleaginosas (3.800 millones). Es decir, para obtener las pocas divisas que genera la economía, los alimentos salvaron al sector externo. Cuando el Banco Central se queda sin reservas, por falta de dólares y de liquidación de divisas, se dispara el tipo de cambio. Para Vallejos, sería el paraíso.

En 2019, con datos oficializados, Elizondo mostró en su informe que el total de comercio de bienes registra exportaciones por 65.114 millones de dólares, importaciones por 49.125 millones y un saldo favorable de 15.989 millones.

*El total de productos de base agroproductiva es de 42.110 millones exportados, 4.575 importados y una balanza favorable de 37.535 millones.

*El Subtotal de productos primarios (sin manufacturar) es de 22.483 millones exportados, 2.475 millones importados y 20.007 millones de saldo favorable.

*El Subtotal de productos agropecuarios manufacturado es de 19.627 millones exportados, 2.100 millones importados y 17.526 millones de balanza positiva.

*El total productos de base mineral 3.620 millones exportados, 4.784 millones importados y una balanza negativa de 1.164 millones.

*El total de productos de base producción industrial es de 14.959 exportados, 39.024 importados y un saldo negativo de 24.072 millones.

*El total de metales preciosos es de 2.565 millones exportados, 143 millones importados y 2.422 de balanza positiva.

*El total de objetos de arte y antigüedades 530 millones exportados, 5 millones importados y 524 millones de balanza favorable.

*El total servicios (estimado) es de 13.150 millones exportados, 17.550 millones importados, y un rojo comercial de 4.400 millones.

Es decir que está claro que las exportaciones de productos agroalimenticios en la Argentina produce el mayor ingreso de dólares y explica el superávit comercial. La filosofía inexplicable de Vallejos y de La Campora van en sentido contrario.

Las conclusiones de Fernanda Vallejos no fueron aisladas, comentó Elizondo, sino que se vinculan con decisiones del Gobierno que emparentan con esa filosofía:

*Sostenimiento e incrementos de retenciones a agroalimentos (recientemente a los productos de la industria vitivinícola por caso, pero hace un año también a oleaginosas),

*Límites a la exportación de cereales como el maíz (finalmente revertidas ante la reacción de los productores),

*Discriminación regulativa a las agroexportaciones existentes desde hace tiempo,

*Un complicado contexto regulativo y político (entre ellos la llamada brecha cambiaria) que es obstructivo de exportaciones.

La Argentina genera producción de calidad en los agroalimentos, crea empleo en estos complejos productivos, obtiene dólares por sus exportaciones, incrementa la capacidad de empresas y abastece cadenas de valor de envergadura en la materia. El agro es el único proveedor relevante de dólares de Argentina. Pero para Fernanda Vallejos, y para sus «cumpas» de La Cámpora, eso es una gran maldición.

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