La política sanitaria de Alberto Fernández navega sin rumbo, ni brújula, ni punto medio, ni estrategia

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Desmesuras, contradicciones y cambios de planes. El presidente Alberto Fernández navega sin brújula y sin rumbo en esta pandemia. Puede disponer la concentración de un millón de personas en la Plaza de Mayo para saludar a Diego Maradona, convocar a sesiones en el Congreso con multitudes en marchas, o cortar y restringir la circulación desde las 23 a las 6 de la mañana, sin ningún punto medio ni estrategia inteligente.

Ahora el Gobierno define la situación sanitaria como «complicada» pero el velatorio de Maradona, las marchas de verdes y celestes, la falta de controles en las fiestas clandestinas o las concentraciones en los barrios del conurbano para las compras de Navidad sin control, no le llamaron la atención.

Sólo hace unos días la Presidencia lanzó una campaña para concientizar a los jóvenes de que se cuiden en las reuniones nocturnas. Demasiado tarde cuando hace meses se conocían las fiestas clandestinas y se viralizaban videos con muchedumbres en las barriadas de aquí y de allá. De la cuarentena en fase 1 se pasó a la liberación total. Todos los padres sabían que sus hijos se contagiaban en fiestas, pero no el Gobierno.

La falta de término medio y sentido común fue lo que dominó en la política sanitaria contra el coronavirus en todo 2020. El enemigo invisible tuvo un cómplice muy visible. O mano dura o total descontrol.

El término medio falló en general. Durante toda la cuarentena, el Gobierno aplicó una logística para testear a 15.000 personas en promedio por día. No llegaban los test, los resultados se demoraban, y hasta se invisibilizaban los test negativos. Pero al diseñar la campaña de vacunación, asegura que vacunará a 5 millones por mes: una epopeya de 167.000 personas por día. ¿Podrá hacerlo y cumplir el objetivo?

Desde hace meses, el gobierno de Alberto Fernández a través del ministro de Turismo, Matías Lammens, diseña un plan de promoción de la actividad interna a través del Plan Previaje, entre otras facilidades para las empresas de turismo e incentivos al consumo. La gente se lanzó a reservar hoteles, pasajes y estadías.

Pero apenas comienza la temporada comenzó a hablar de cerrar las playas, restringir los lugares de veraneo y a infundir temor entre los turistas que recién se estaban movilizando hacia el merecido descanso. Las restricciones a la movilidad de las personas tiene como contrapartida la parálisis de la actividad que quería mover. Acelera con un pedal y pone el freno de mano, todo al mismo tiempo.

La nueva propuesta del Presidente a los gobernadores e intendentes es restringir la circulación de modo «uniforme» en todo el país, entre las 23 y las 6. Es decir que si una familia tenía pensado usar su tarjeta Previaje para ir a comer todas las noches a los lugares habilitados para poner en movimiento la actividad gastronómica el Presidente se lo impedirá porque necesita garantizarse que los adolescentes y jóvenes no irrumpan en las playas a hacer fiestas clandestinas.

¿Qué tiene que ver el movimiento prudente de una familia con distanciamiento social y barbijos con el descontrol nocturno en las playas de veraneo? La falta de sentido común es lo más común en las medidas contra la pandemia de este Gobierno.

El Presidente dijo en el brindis de Navidad con los periodistas que los Toques de Queda «no son del peronismo». Pero resulta que ahora quiere emular a los países europeos o de otras partes del mundo que los llaman “toques sanitarios”, es decir algo así como toques de queda pero más peronistas y más amigables.

¿Por que pagan justos por pecadores? ¿Por qué no segmentar los movimientos y dejar que se puedan desarrollar actividades sin riesgo y en cambio regular las de mucho riesgo? No existe una vara, una medida, un discernimiento.

Las aglomeraciones de jóvenes se producen en las playas de todos los lugares de veraneo de la Costa Atlántica. Pero las únicas protestas violentas de jóvenes ocurrieron en los municipios de Pinamar y Mar del Plata, gobernados por Martín Yeza y Guillermo Montenegro, intendentes de Juntos por el Cambio.

Precisamente, los dos intendentes son los que se oponen, contra los peronistas, a las restricciones al movimiento que Alberto Fernández y Axel Kicillof proponen como solución al rebrote causado por las imprudencias casi criminales de las concentraciones de hace un mes originadas en decisiones políticas. Pero esas son meras casualidades de la política veraniega.

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