“Construcción Ciudadana”, la materia educativa que adoctrina a los alumnos en la conflictividad y la militancia

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Las nuevas generaciones de alumnos reciben del sistema educativo una fuerte carga adoctrinamiento, conflictividad y militancia política. Los programas que se bajan del Gobierno son totalmente permisivos con la conducta, la disciplina, y renunciaron a la noción de autoridad, la que debe ser todo el tiempo cuestionada por los alumnos. Eso se estimula desde hace más de diez años en el Diseño Curricular para la Educación Secundaria de la materia Construcción de Ciudadanía, que se escribió desde la época del gobernador bonaerense Felipe Sola y se continuó en la gestión de Daniel Scioli. La gestión de María Eugenia Vidal, de Cambiemos, no lo derogó.

Con la firma de los ex mandatarios provinciales y de sus ex directores generales de Cultura y Educación, Adriana Puiggros y Mario Oporto, el manual de 200 páginas introduce en la educación de los alumnos de 1° a 3° año del nivel secundario contenidos que incentivan reclamos y reivindicaciones con cualquier método, además de politizar la vida de estudiantes a una edad en la que deben enfocarse en aprender.

En los últimos años proliferaron las protestas de estudiantes que comprenden tomas de colegios, marchas y apoyo a las usurpaciones de tierras como las de Guernica o de establecimientos productivos como los de la familia Etchevehere.

El programa educactivo de “Construcción de Ciudadanía” invoca textos y recomendaciones de la filósofa y politóloga Chantal Mouffe, una de las ideólogas del posmarxismo, ex esposa del fallecido filósofo Ernesto Laclau, que era consejero e inspirador de Néstor y Cristina Kirchner y del partido Podemos de España.

(Texto completo del Diseño Curricular)

http://servicios.abc.gov.ar/lainstitucion/organismos/consejogeneral/disenioscurriculares/documentosdescarga/secundariaciudadania.pdf

Además, todo el texto demuestra la clara intención de consolidar una enseñanza basada en la reivindicación exclusiva de los derechos propios, pero que omite la importancia de cumplir con obligaciones, deberes o responsabilidades. Y politiza a los alumnos al extremo de abordarlos casi como militantes de cualquier causa.

El analista y ex funcionario Mauricio Devoto, que fue secretario de Estado del ex ministro de Justicia Germán Garavano, señaló que “este trasfondo impregna todas las áreas temáticas, desde el arte hasta el deporte”, y que “lo conflictivo no es la parte, sino el fondo y la filosofía de fondo obliga a conflictuar todo”. Devoto y el ex director general de Cultura y Educación Gabriel Sanchez Zinny durante el gobierno de Vidal hicieron un nuevo proyecto de manual, pero nunca pudo ser instrumentado.

Según Devoto, el texto está influenciado por los filósofos Karl Schmitt y Antonio Gramsci, incorporados a través de las citas de Chantal Mouffe. “Si eso no es adoctrinamiento… Además siempre habla de derechos, nunca de deberes”. señaló Devoto. Desde sus primeras páginas, el Diseño recomienda “la elaboración, puesta en práctica y evaluación de proyectos como dispositivo escolar de acciones colectivas planificadas para la exigibilidad de derechos y responsabilidades”.

La incorporación de “Construcción de Ciudadanía” dentro de la nueva organización curricular tiene como propósito principal “implementar una materia diseñada desde un enfoque de derechos, que incluya las prácticas, saberes e intereses juveniles en la escuela, y proyecte un ejercicio activo y crítico de la ciudadanía”.

Para ello, “se concibe a niños, niñas, adolescentes y jóvenes como sujetos de derechos, es decir como ciudadanas y ciudadanos”. Pero no enumera obligaciones ni deberes para los jóvenes.

En ese sentido, señala que “se enfoca el análisis crítico de los contextos socioculturales y las condiciones de diversidad y desigualdad que lo constituyen desde una perspectiva de derechos”. Y menciona que “se pretende proyectar acciones colectivas de ejercicio y exigibilidad de derechos y responsabilidades”. Allí comienza a aparecer la inclinación por la protesta, el conflicto y la politización, como adoctrinamiento a chicos del secundario.

El Gobierno de la Nación no centraliza las escuelas, por lo cual los programas y las currículas quedan a cargo de cada provincia. En la Ciudad de Buenos Aires, los documentos fueron modificados durante los gobiernos de Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, pero sigue habiendo docentes influidos por este paradigma educativo. Muchas provincias escasas de recursos durante los 12 años del kirchnerismo se adhirieron a los contenidos de la provincia de Buenos Aires.

El Diseño Curricular hace foco exclusivamente sobre los “derechos” de los alumnos. “El sistema educativo debe realizar cambios en las prácticas institucionales y pedagógicas para adoptar definitivamente un enfoque de derechos y posicionarse en el paradigma de la Protección Integral”. La noción de corresponsabilidad entre Estado y sociedad civil, dice, “se entiende como un conjunto de responsabilidades de las familias, las comunidades, las instituciones y el Estado para garantizar y poner en vigencia los derechos”.

“Este compromiso mutuo de responsabilidades y exigencia de cumplimiento de derechos abona el camino hacia la efectivización de los mismos”, agrega el texto. “Hablar de exigibilidad, cumplimiento o realización efectiva son distintos modos de nombrar el derecho y la responsabilidad en acto, en la posibilidad de su ejercicio pleno”, agrega. “La exigibilidad puede referirse, por un lado a la exigencia sobre el derecho reconocido, se trata del cumplimiento de un derecho o exigencia de su realización efectiva, que es lo mismo que decir que efectivamente se cumpla”.

En la página 108, el Diseño Curricular directamente pone un título que politiza a los alumnos y los convierte en presa de un estilo político que cree en la confrontación directa, en la grieta permanente, y en el conflicto como mecanismo de resolución de las disputas políticas. Es aquí donde se invocan teorías de Chantal Mouffe, la filósofa y politicóloga belga, posmarxista, esposa del fallecido filósofo neopopulista marxista Ernesto Laclau, que era el teórico al que más escuchaba Cristina Kirchner.

Mouffe es profesora del Departamento de Ciencias políticas y de Relaciones Internacionales en la Universidad de Westminster, en Londres. Su obra más conocida es Hegemonía y estrategia socialista escrito con Laclau. Es uno de los textos que inspiraron a los fundadores del partido político español Podemos, una suerte de kirchnerismo radicalizado de la Madre Patria.

La filósofa Mouffe adscribe a la idea de una democracia radical, pluralista, agonista, en la que el conflicto deje de ser mal visto y pase a ocupar el centro de la escena política. ​El capítulo que comienza en la página 108 se titula directamente “Lo político y la acción política, participación y democracia”. Introduce a los alumnos a la militancia, prácticamente. Hace de la escuela casi un germen de la unidad básica o el comité antes que un lugar de educación y aprendizaje de ciencias y de contenidos humanistas. Política en el sentido más militante de la palabra.

El capítulo define la “participación” como “aquel conjunto de actos y actitudes que sirven para influir de manera más o menos directa y más o menos legal en las decisiones, en el sistema político o en cada una de las organizaciones políticas, así como en su selección, para conservar o modificar la estructura (y por lo tanto los valores) del sistema de intereses dominantes” (Serrano; 1999:25).

El instructivo para docentes señala que “consideramos fundamental no sólo la participación de los/las jóvenes sino la ‘participación con decisión’ para generar una correlación de fuerzas tal que permita introducir cuestiones desde sus necesidades”. Y agrega que “La falta de participación deja espacio libre para la acentuación de los rasgos dominantes del sistema y para los privilegios de unos pocos sobre la mayoría”.

Considera que “la escuela media parece estar atravesando una transición desde formas más autoritarias hacia la concreción de un marco democrático y justo”. Otra vez, el autoritarismo de lo viejo justifica el rechazo a la autoridad en lo nuevo. Transición que “necesita, tal como señala Sennett (2006) que la política recupere la posibilidad de imaginar. Fue el discurso de Martin Luther King “I have a dream” (“Yo tengo un sueño”) el que impulsó a la búsqueda de justicia utilizando un lenguaje que apeló al potencial personal y a la superación de los hábitos de años de separación racial logrando movilizar a numerosos grupos a la acción”.

Seguido a ello, destruye el concepto clásico de autoridad para que los alumnos puedan educarse sin ese supuesto factor limitante a su creatividad y a su declamada libertad sin responsabilidad. “Es momento –dice el texto educativo- de encontrar para la escuela un discurso que logre superar los hábitos de una autoridad anclada en visos de autoritarismo, de un respeto entendido como sostenimiento de la jerarquía antes que como reciprocidad entre los diferentes actores institucionales”. Como la autoridad debe ser eliminada no hay límites ni reglas.

Lo que sigue aclara muchas cuestiones que hoy no se explican de los alumnos que aborrecen la autoridad y abrazan la permisividad:

“La concreción de una convivencia democrática en las escuelas ha pasado a ser uno de los anhelos del sistema educativo, muchas veces sustentado en un discurso que busca la armonía y aborrece el conflicto. Uno de los cambios de mayor impacto en la escuela media en la mayoría de las jurisdicciones del sistema educativo argentino tiene que ver la constitución de nuevos órdenes normativos para regir la disciplina, la convivencia y el gobierno.

“Diversas investigaciones sobre los reglamentos de convivencia destacan la conformación de normativas que hacen hincapié en los derechos y responsabilidades de los y las alumnos/as más que en las de todos los actores institucionales. De esta forma se desvanece la posibilidad de generar compromisos en torno a derechos que la institución reconoce como expectativas compartidas por los diferentes actores. La norma escolar emerge sustentada en una mirada adultocrática que se combina con una manera de pensar la autoridad rígida, sin posibilidades de ser cuestionada que pareciera orientarse más al sostenimiento de la jerarquía, que a explorar maneras diferentes de respaldarla”.

En los párrafos siguientes abraza el conflicto permanente como manera de expresarse de los jóvenes:

“En el espacio de esta materia se propone promover el involucramiento de los y las jóvenes sin igualar participación a consenso. Chantal Mouffe cuestiona la búsqueda de consenso hacia la cual la política democrática tiende en los últimos años, apelando más bien a que ‘el conflicto en las sociedades democráticas no puede y no debería ser erradicado, puesto que la especificidad de la democracia moderna reside, precisamente, en el reconocimiento y la legitimación del conflicto’ (Mouffe, 2005:86)”.

“En tanto la distinción nosotros/ellos es constitutiva de la política como espacio de antagonismos y prerrequisito para la formación de identidades, resulta esencial establecerla de manera tal que sea compatible con el reconocimiento del pluralismo. De esta forma «lo que la política democrática requiere es que los otros no sean vistos como enemigos a ser destruidos sino como adversarios cuyas ideas serán combatidas, incluso de modo virulento, pero cuyo derecho a defenderlas nunca será puesto en cuestión» (Mouffe, 2005:86).

En un título dedicado a “Adolescentes, jóvenes y participación política”, justifica que “la irrupción de los y las jóvenes en la escena pública y en el campo de la política se puede ubicar en los movimientos estudiantiles de finales de la década de los sesenta”. La confusión general radica en que el sistema educativo no debería estar dirigido a politizar a los alumnos y a entrenarlos en activismo político sino enfocado a la enseñanza de contenidos educativos como lengua, literatura, matemática, ciencias sociales y naturales, artes, educación física y otras ciencias exactas.

¿Qué tiene que ver mezclar las marchas estudiantiles de los años 60 con un programa educativo de la materia “Construcción Ciudadana”? El Diseño Curricular lo expresa de esta manera: “La rebelión estudiantil de Mayo Francés tuvo su eco en diferentes partes de mundo: Praga (la llamada “Primavera de Praga” en Checoslovaquia), Tlatelolco (México), Córdoba (el “Cordobazo” en Argentina), Berlín, Madrid, Río de Janeiro y Montevideo, entre otros. En estos lugares, las y los jóvenes comenzaron a adherir a la política, por fuera de las estructuras tradicionales de los partidos políticos. Los y las estudiantes se volcaron a las calles junto con los trabajadores/as y los obreros/as y reclamaron la igualdad de derechos, la justicia social, más imaginación y creatividad en las aulas, menos autoritarismo por parte de los profesores y adultos, libertad para vivir y expresar sus sexualidades y el fin de la explotación del hombre por el hombre”.

“Un modo de expresión característico de la rebelión estudiantil de mayo de 1968 fueron los grafittis que los jóvenes pintaban en las calles de París: “La poesía está en la calle”, “La imaginación al poder”, “Profesores: ustedes nos hacen envejecer”, fueron algunas de las consignas que se volvieron paradigma de una época. Por esos mismos años, centenares de jóvenes en una manifestación en las calles de Washington contra la guerra de Vietnam, entregaban flores a los soldados mientras éstos les apuntaban con fusiles. El lema de esos jóvenes era: “Hagamos el amor y no la guerra”.

Incluso, el texto reivindica la formación de las guerrillas de los 70:

“Fueron las primeras manifestaciones públicas de un movimiento social y cultural juvenil que fue llamado “hijos de las flores” o hippies. Se rebelaban contra la sociedad de consumo capitalista y practicaban la vida comunitaria y el amor libre fuera de las ciudades y vestidos con colores llamativos, alejados de toda formalidad. Hacia finales de la década del sesenta y principios de los setenta, muchos jóvenes se integraron a las guerrillas y a los movimientos de resistencia en distintas partes de América Latina como respuesta a las injusticias sociales, a los gobiernos dictatoriales y a las democracias militarizadas que imposibilitaban la participación política por la vía institucional”.

“Muchas veces los adultos fomentan un tipo de participación desde una definición de lo que se entiende por la misma que está de acuerdo a preconfiguraciones no construidas por los y las jóvenes, incluso es muy común que aparezcan teñidas de nostalgia sobre cómo era la participación política en su propia juventud. En este punto, quizás valga la pena pensar en formas alternativas de vivir la política y lo político, no necesariamente ligados a lo institucional.

“Beck (1997) ha señalado que los jóvenes sostienen una negación de la política desde una postura altamente política. La participación adquiere similares características volátiles a otros ámbitos de su vida. Lo que en muchos casos contrasta con la formalidad, la rigidez y la institucionalización de la esfera política más clásica. Esto permite pensar la política y lo político de manera amplia y no restringido a ciertos esquemas institucionales o acerca de cómo debería ser la participación.

“Implica también que es posible que en las escuelas emerjan formas de participación democrática no coincidentes con las desarrolladas por los adultos o que incluso no serían llamadas por ellos participación pero que dejan huellas más que visibles a partir de entablar relaciones intergeneracionales desde un plano de mayor reciprocidad.

“Los y las jóvenes suelen ser protagonistas cuando se generan hechos políticos: las marchas de silencio por el crimen de María Soledad Morales, movilizaciones en reclamo de justicia por el conscripto Omar Carrasco (asesinado a golpes mientras cumplía el servicio militar obligatorio); por Walter Bulacio (asesinado por la policía despué de ser detenido al salir de un recital del grupo Los redonditos de ricota), por Sebastián Bordón (muerto en circunstancias misteriosas después de haber sido detenido por la policía mientras estaba en su viaje de egresados), por las víctimas del incendio de la discoteca República Cromañon; por el crimen del maestro Carlos Fuentealba asesinado por la policía en el marco de una manifestación por mejoras salariales.

“Y también hubo jóvenes en las movilizaciones después de la crisis económica, política y social de diciembre 2001 y están en los movimientos de desocupados/as. El devenir histórico muestra que los y las jóvenes han participado y participan en política de diferentes maneras. Participar en política no implica solamente votar, ocupar cargos en el gobierno o formar parte de un partido político. Sino también, entre otras acciones, asistir a manifestaciones; supervisar las acciones de los representantes y autoridades públicas; reclamar, opinar, apoyar o criticar las decisiones de los gobernantes; deliberar, dialogar y confrontar pacíficamente las ideas sobre los asuntos de interés público; poner en práctica la decisión de la mayoría, respetando las minorías; informar y ser informado/a de los asuntos públicos, es decir, de aquellas cuestiones que afectan al conjunto de los integrantes de una asociación, una comunidad o el Estado.

“Grafittis, flores, pancartas, canciones, murales, pintadas, murgas, centros de estudiantes, antorchas: diversos símbolos o formas de expresión han identificado a lo largo del tiempo, la relación entre juventud y participación política. Esos símbolos toman en la actualidad sus propias formas, y es responsabilidad de los adultos que puedan visualizarse como prácticas políticas y cómo formas de informarse, hacer expandir o hacer valer sus derechos. Canciones como La marcha de la bronca, Los dinosaurios, ¿Por qué cantamos?, Como la cigarra representan consignas políticas de diferentes momentos de nuestro país, así como Todo preso es político, La memoria, o ciertas canciones de La Renga, del reggae suburbano o de la cumbia villera lo son para períodos más actuales.

“Adolescentes y jóvenes de estos tiempos parecen encontrarse imbuidos/as por un optimismo individual pero un pesimismo sobre cuestiones sociales, sin por eso dejar de interesarse por la “cosa común”. Una serie de investigaciones desarrolladas en los últimos años señalan estos elementos para otros grupos de jóvenes. Pablo Bonaldi (2006), en su trabajo sobre la relación de los jóvenes y la política realizada en torno de la agrupación H.I.J.O.S., da cuenta de jóvenes que buscan que la política los impacte de manera personal, y ya no cambiar el mundo”.

“Un proyecto colectivo como el que propone la materia Construcción de Ciudadanía implica colocar cuestiones en términos políticos –discutir, analizar accionar-. No solo porque muchos de estos proyectos pueden tener un objetivo políticamente identificable sino también porque pone en relación a diversos actores de la sociedad civil –docentes, alumnas y alumnos, directivos, padres, organizaciones comunitarias, etcétera- entre sí y con diversos organismos del Estado -o al menos uno es la escuela-. Hacer un proyecto colectivo implica fijarse una legalidad, establecer acuerdos de convivencia y de marcos de decisión que pongan en práctica la decisión de la mayoría y respeten a las minorías, implica responsabilizarse de que todos sean incluidos en el proyecto en un clima y un marco democráticos. Además es probable que el proyecto tenga objetivos políticos más o menos manifiestos: desde el reclamo de ciertos derechos y libertades que se consideren violados en un barrio, una comunidad o una ciudad, medidas de gestión pública, y/o cumplimiento de responsabilidades, hasta ciertas acciones que impliquen cuestionar las formas de relación entre el Estado y la sociedad civil o reestablecer, crear o recrear lazos de solidaridad social”.

Con el titulo de “Incidir en las políticas públicas”, el Diseño Curricular apunta a “pensar los cambios a nivel macro y sus vínculos e interrelaciones con la cotidianeidad”. Y se plantea: “El análisis de las políticas públicas resulta de vital importancia ya que mediante ellas, como bien señala Molinet “los gobiernos ponen en práctica cursos de acción, es decir modifican las condiciones de vida” (1993:37). Las condiciones de una política pública nos sirven para observar su trascendencia: son soberanas (por encima de todas las demás), tienen un carácter universal al valer para todos/as las y los ciudadanos y son obligatorias al estar respaldadas en última instancia por la fuerza”.

“Las políticas públicas implican una serie de pasos que aquí intentaremos resumir brevemente. En primer lugar el inicio de toda política pública se encuentra en que determinado problema se convierte en una cuestión socialmente problematizada ya que afectan los intereses de algún o algunos actores políticos. Ahora bien, las relaciones Estado-sociedad van configurándose en forma continua a través de las instituciones que dan un marco que coloca los límites e influyen especialmente en la forma en que determinado entramado institucional condiciona las percepciones y expectativas de los que están en él”. Es decir, la materia en cuestión busca que los alumnos se conviertan desde jóvenes en militantes políticos sin conocer sus límites, reglas y con una fuerte inclinación hacia el conflicto y la confrontación.

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