Nace un reclamo popular republicano, el Gobierno perdió la calle y ahora debe recuperar el sentido común

- Publicidad-

El gobierno de Alberto Fernández perdió el control de la calle. La demostración multitudinaria de indignación y bronca fue un golpe brutal para el Presidente y el Frente de Todos, que puede agravarse si se radicaliza y del cual puede recuperarse sólo si apela a la sensatez y concreta rápidamente un cambio de agenda.

El otro dato es que ayer nació un nuevo reclamo popular republicano, más amplio que Juntos por el Cambio, que no presenta la organización de una fuerza política y que exige de abajo hacia arriba recuperar la Justicia, la seguridad, la educación, la salud y, por sobre todo, el sentido común.

El peronismo nació en la calle y por eso su peor pesadilla es perder el control del espacio público, ese lugar del reclamo espontáneo. Los presidentes y dirigentes peronistas saben que la gente en la calle son votos y es lo único que interesa. Ayer también el conurbano salió a la calle, castigado por la inseguridad.

Es quizás el germen de una revolución cultural pacífica de valores. Los manifestantes no respondieron a una simple convocatoria de Mauricio Macri como quisieron instalar en el Gobierno. Si Macri fuera capaz de acarrear a tanta gente y en tantas provincias, pasado mañana podría ganar unas elecciones y eso no es así.

En la calle había votos de Macri, de Roberto Lavagna, de José Luis Espert, de la izquierda, del peronismo moderado y de ciudadanos independientes que también habían confiado en Alberto Fernández y se encontraron con que gobernaba Cristina Kirchner con una agenda alejada de toda cordura.

El gran problema del Gobierno es que esa calle no tenía un partido político, sólo banderas argentinas. No había micros estacionados en la 9 de Julio, ni nadie había puesto dinero para un escenario, ni un equipo de sonido, ni viandas, ni para convencer a la gente de concurrir. Eran ciudadanos de a pie o en sus autos.

Muchos de los indignados de ayer también tienen cuentas pendientes con el ex presidente de Cambiemos. La mayoría de los manifestantes recuerda como un fracaso el gobierno que terminó en diciembre de 2019.

Los ofuscados respondieron, primero que nada, a una convocatoria de las redes sociales y del boca a boca. Y en segundo lugar a la enorme seguidilla disparates políticos de Alberto Fernández y la persistencia de Cristina Kirchner que ejerce el poder real, los cargos con caja propia y el control de la política judicial del gobierno.

Por un compromiso de origen con Cristina Kirchner, el Presidente instaló una agenda abiertamente  contradictoria e incompatible con las demandas originales de sus votantes, con el momento, con la pandemia, y con sus propias promesas de campaña en las que prometió moderación y no kirchnerismo radicalizado.

Las marchas en Córdoba, Santa Fe, Tucumán y muchas otras provincias indican que los diputados de esos distritos estarán vigilados por la gente de a pie, por sus votantes, para que no avalen leyes delirantes. La expropiación de Vicentin comenzó a desmoronarse en la marcha del 20 de junio cuando esos diputados tomaron nota.

En medio del encierro de 150 días por la pandemia, con la gente sin trabajo y sin ingresos, el Presidente no tuvo mejor idea que presentar una reforma judicial sólo beneficia a Cristina: pretende crear 300 juzgados, centenares de fiscales y funcionarios judiciales para garantizarle impunidad a un sector de su coalición de gobierno: los K. Ese fue el principal atentado al sentido común.

Esto último no necesita demostrarse, porque todas las decisiones de políticas judiciales, con la Oficina Anticorrupción, la UIF, los jueces, las comisiones parlamentarias y los jueces y fiscales amigos, estuvieron dirigidas hasta ahora a liberar presos por corrupción y delincuentes comunes, así como a desactivar causas propias y activar otras que afectan a dirigentes opositores.

Pero hay más evidencias. Cristina quiere ampliar la Corte Suprema con más sillas, como si fuera el Instituto Patria, nombrar al nuevo Procurador General de la Nación, barrer al actual procurador interino Eduardo Casal, nombrar sus propios fiscales, paralizar las causas en su contra, remover jueces que procesaron a Cristina y desacatar fallos judiciales para remover jueces que no le son confiables.

Además, la inseguridad es cada día más insoportable y las reformas judiciales no tienen un sólo capítulo destinado sancionar el nuevo Código Penal, cajoneado, ni agilizar el Código Procesal, acortar los tiempos del proceso, reducir los plazos de sentencia, y obligar a los jueces a confirmar las condenas sin prisiones preventivas eternas.

Tampoco solucionan la capacitación investigativa de los fiscales, ni aporta elementos tecnológicos a la justicia ni a la inteligencia criminal. Es decir, pretende resolver los problemas de una sola persona y no de los ciudadanos.

Además, la bronca de la calle se potencia porque la pandemia del coronavirus está cada día más complicada y la actividad económica se está agravando todos los días. En medio de eso, la gente percibió que la agenda del Presidente estaba fuera de toda lógica y sensatez. Alejada de las urgencias de la gente, de todos los valores republicanos y de la independencia de poderes.

“Es una agenda totalmente contradictoria con el momento de pandemia”, dijo alarmadísimo un funcionario que ocupa un altísimo cargo en el gobierno nacional. “Es inentendible en Alberto que tiene rodaje y calle”, señaló.

Pero esta vez, fue la clase media y baja las que ganaron la calle, reclamando educación y valores. Los dirigentes no convocaron ni encabezaron la protesta. Fue al revés. El reclamo republicano y popular, espontáneo, fue esbozando un movimiento que luego fue abordado por distintos dirigentes que se fueron sumando: Patricia Bullrich, Luis Brandoni, José Luis Espert y otros partidos nuevos que buscan un lugar en la política. Por eso, ese movimiento es por ahora eso: un movimiento desorganizado.

Se trata de una masa crítica inorgánica que ganó la calle en tiempos de pandemia, con distanciamiento social y con tapaboca. La contracara es un Gobierno confundido y sorprendido, que en un primer momento sólo atinó a minimizar y subestimar la marcha y que con el correr de las horas tendrá que evaluar qué concesiones le hace al sentido común para poder olvidar el mal trago y recordar que debe dar respuestas a la agenda de la clase media rebelada.

 

Últimas noticias

Germán Paats: “Es necesario un plan integral de capacitación en lo industrial, agro, servicios y turismo”

El presidente de la Fundación Barbechando, German Paats, aseguró que “no podemos eludir” la necesidad de formular un gran...

Eduardo Sancho: “Hoy en el cooperativismo se necesita capacitar más en las competencias laborales actitudinales”

El presidente de Fecovita adhirió a un plan de capacitación laboral masivo en el país con un consenso en...

Crisis y oportunidad: es urgente reemplazar el asistencialismo por una cultura del trabajo y de las exportaciones

* Por Pascual Albanese, Jorge Castro y Jorge Raventos CRISIS POLÍTICA Y OPORTUNIDAD HISTÓRICA. EN UN SISTEMA POLÍTICO ABSOLUTAMENTE PRESIDENCIALISTA,...

En Olivos, Cristina exigió cambiar urgente todo el gabinete y Alberto dijo que debía ser en noviembre

Esa discrepancia desencadenó la crisis institucional. El apoyo de gobernadores, CGT y movimientos sociales. La visita de Aníbal. ¿Y...

Cristina boicoteó el relanzamiento del FDT, pinchó su salvavidas para noviembre y fuerza a Alberto a romper

Por salvarse de la responsabilidad de la derrota de las PASO del domingo último, la vicepresidenta es capaz de...

Funes de Rioja: “La industria necesita formar gente en las nuevas habilidades que el mercado demanda”

El titular de la UIA apuesta a la cultura del trabajo, en pleno debate sobre cómo transformar planes sociales...
- Publicidad -

Debe leer

- Publicidad-

También podría gustarteRELACIONADO
Recomendado para usted