Protocolo de aborto: los legisladores PRO le harían a Larreta el mismo daño que Peña le hizo a Macri en 2018

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Con el voto de legisladores oficialistas y opositores, la Legislatura porteña podría convertir en ley porteña la adhesión al Protocolo Nacional sobre aborto no punible que sancionó por decreto el gobierno de Alberto Fernández apenas asumió en diciembre último. Sin querer, los legisladores porteños de Juntos para el Cambio podrían convertir al jefe del gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, en el nuevo Mauricio Macri, que luego de impulsar la ley del aborto en 2018 abrió una grieta en su electorado y se boicoteó su propia reelección presidencial en 2019.

Muchos votantes de Macri celestes migraron hacia otras fuerzas políticas minoritarias y terminó haciendo una elección mucho peor de la que había imaginado en su peor pesadilla. Además, a eso se sumó una crisis económica que derivó en un fracaso electoral frente a Alberto Fernández. Una mala jugada política puede desatar consecuencias imprevisibles, aún con los mejores estrategas electorales.

Macri y Marcos Peña nunca imaginaron la movilización y el debate de aquel año. Los legisladores de Juntos por el Cambio no se imaginan las derivaciones que podría tener esa sanción en la Legislatura en medio del malestar por la cuarentena del coronavirus.

Sin embargo, a los ojos de su propio electorado, el culpable terminará siendo Rodríguez Larreta y nadie se acordará de los legisladores casi anónimos que habrían impulsado el proyecto. Los votantes celestes del macrismo no le perdonarían a Rodríguez Larreta que termine adhiriendo a un Protocolo sancionado por el kirchnerismo y menos por el ministro de Salud, Ginés González García, desgatado ante los ojos del macrismo por haber llegado tarde a la pandemia del Covid 19.

El macrismo terminaría penosamente levantando una tradicional bandera del kirchnerismo, de la izquierda y del marxismo. El costo lo pagaría ante el electorado de centro, ante los sectores vinculados con entidades cristianas y ante la Iglesia, donde el aborto legal es una pésima carta de presentación. Nada menos que él, que en 2018 hizo el gesto de consagrar la Ciudad ante la Virgen en la Catedral metropolitana.

Por otra parte, una decisión política proabortista, en este momento, aparecería fuera de contexto cuando las prioridades en materia sanitaria son otras, completamente, y luego de que la Cámara Nacional de Casación Penal emitió un fallo que concedió prisión domiciliaria a una joven para atender el interés superior del niño por nacer, en una resolución muy bien fundamentada en la Constitución Nacional.

La relación entre el macrismo y el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, se rompió en 2011 cuando el cardenal le pidió a Gabriela Michetti, entonces vicejefa de gobierno porteño, que el PRO se opusiera a la ley de matrimonio igualitario y el entonces ministro de gobierno Marcos Peña rechazó el pedido de Bergoglio. Por consejo de Jaime Duran Barba, no querían perder el voto del electorado progresista de la Ciudad. Luego, cuando Peña impulsó el debate del aborto, y embarcó a Macri, la relación con el papa Francisco terminó de romperse.

Lo mismo podría pasarle ahora a Horacio Rodríguez Larreta a expensas de sus legisladores. En la actualidad, él tiene una relación con la Iglesia fluida porque siempre hizo un buen equilibrio en los temas culturales que le importan al clero. Pero más allá de las cuestiones espirituales, el problema lo tendría con un amplio abanico de electores de centro hacia la derecha: cristianos, evangélicos, sectores rurales y en el extenso interior del país, donde la defensa de las dos vidas pesa y mucho. Todos estos no digerirían el impulso porteño al aborto en la Ciudad.

Y menos aún en tiempos de pandemia de coronavirus, con los ánimos sensibles, y cuando los recursos y las políticas deben tener otras prioridades. La aprobación del protocolo, sin ir más lejos, podría darle impulso a los sectores verdes y volvería a instalar el asunto sobre la agenda nacional. Marcos Peña en 2018 fue artífice de una división del electorado propio. ¿Estaría Larreta dispuesto a hacerlo cuando tiene por delante una carrera presidencial para 2023?

Paradógicamente, el gobierno de Alberto Fernández generó un escenario providencial para el recuperar a Cambiemos, que estaba en baja luego del pésimo gobierno que hizo Macri hasta 2019. La presencia protagónica de Cristina Kirchner en el gobierno, las excarcelaciones de ex funcionarios K, el anuncio de estatización de Vicentin, el asesinato de Fabián Gutiérrez, y la prisión domiciliaria de Lázaro Baez generaron una unificación del electorado anti K que podría ser aprovechada por Juntos por el Cambio.

Pero la reinstalación del tema que dividió al macrismo en 2018 sería una ruinosa estrategia por parte de los legisladores porteños de Juntos por el Cambio, que muchas veces demuestran que les falta un rumbo determinado que juegue a favor de sus intereses y los de su electorado natural y no en contra. Esos legisladores terminarían sin quererlo ocupando el lugar de ideólogas progresistas como Vilma Ibarra, Victoria Dónda, o Graciana Peñafort, levantando una bandera que agrandaría a la izquierda y al marxismo cultural que sostiene las políticas antireproductivas.

En perjuicio de sus propios proyectos, esos sectores del PRO terminarían haciéndoles el trabajo sucio a las pensadoras K feministas como Dora Barrancos, Elizabeth Gomez Alcorta o Anabel Fernández Sagasti. Para el macrismo sería como tropezar dos veces con la misma piedra, y le ahorrarían a Alberto Fernández el costo político de tener que explicar el aborto ante la Iglesia: yo no fui, fueron ellos. Pero el Presidente nunca les agradecerá en público ese gran favor.

Para colmo, el rédito político de haber impulsado el aborto en la Ciudad, ante el electorado verde y de izquierda, nunca será de Horacio Rodríguez Larreta ni de los legisladores macristas, sino de del progresismo kirchnerista, de Cristina y de La Cámpora. Y esos votantes de izquierda nunca votarán a Larreta en las presidenciales de 2023, sino a Máximo Kirchner o a Axel Kicillof.

Muchos sectores celestes macristas intentaron disuadir a Peña y a Macri en 2018 y le anticiparon la fisura en el electorado macrista a causa de impulsar el aborto que contradice los valores más íntimos de muchas personas del humanismo de centro que creen en la defensa de las dos vidas. Marcos Peña esgrimía encuestas en las que decía que los jóvenes del PRO eran mayoritariamente abortistas y que el PRO debía ser un partido moderno socialdemócrata. Los resultados están a la vista: hizo un daño en la línea de flotación de su propia base electoral.

Macri terminó la campaña de octubre de 2019 empuñando el pañuelo celeste para recuperar votos perdidos en su desesperación por remontar la derrota de las PASO.

En otras palabras, Horacio perdería votos propios y no ganaría votos de izquierda, que siempre encontrarán otras opciones menos oligarcas que el macrismo. O sea, sancionar el protocolo sería darle la bandera del aborto a la izquierda kirchnerista y no a los sectores que defienden la República. Es una pérdida por todos los frentes. Los legisladores del PRO están a punto de hacerle un fuerte daño a su propio proyecto político nacional. Algo así como pegarse un tiro en los pies y celebrarlo como un triunfo.

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