La pandemia es un momento histórico que requiere del ejercicio de una libertad con responsabilidad

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Tenemos hoy más preguntas que respuestas y en esto reside la mayor frustración. ¿Hasta cuándo?, nos preguntamos. Y no hay respuesta. No la tenemos. Nuestra omnipotencia ha sido puesta en jaque. Somos vulnerables. Nos vemos compelidos a restringir el ejercicio de nuestra libertad en pos del ejercicio de la responsabilidad individual y colectiva.

Nos frustra la restricción y sin embargo, sabemos que no hay opción. Esto aumenta la frustración y la demanda de una solución. La conciencia de otredad, nos muestra que cada quien no puede vivir en la individualidad, en el sí mismo, en el ejercicio exclusivo de su propio deseo de manera ilimitada, irrestricta, anómica.

Ser humanos es ser conscientes y responsables. No es posible renunciar a la responsabilidad, ella es compañera ineludible de la libertad humana. La libertad como valor para ser ejercida de manera virtuosa, debe ejercerse de manera responsable.

La humanidad transita hoy un momento histórico que requiere del ejercicio de una libertad con responsabilidad. Es un tiempo que requiere de virtudes tales como la templanza y la prudencia. Una circunstancia no elegida que nos interpela, que irrumpió en nuestras vidas y ante la cual respondemos desde ese ser humano único e irrepetible que somos.

Todos estamos transitando la misma circunstancia pero esa circunstancia no nos atraviesa a todos del mismo modo. Nuestras historias personales son diversas y también nuestras circunstancias individuales.

Esas historias de las cuales provenimos condicionan el modo en que respondemos ante esta situación de distanciamiento social, de ejercicio restringido de la libertad de circulación, de encierro. Algunos consiguen adaptarse y logran aún encontrarle aspectos positivos, en tanto otros solo consiguen hacer foco en lo negativo y anticipar todo tipo de fatalidades venideras.

Algunos pueden posicionarse ante esta situación como ante una oportunidad de crecimiento interior, en tanto otros, solo pueden sentirse en caída libre a un abismo de incertidumbre.

Sin embargo y tal como Fiódor Dostoievski (un hombre que vivió gran parte de su vida en la miseria, padeció la cárcel y recurrió a la escritura como sublimación de su sufrimiento), dice en su libro “Memorias de la Casa Muerta”, dando una definición antropológica maravillosa: “Sí denostado y degradado, el hombre sobrevive, entonces el hombre es un ser que se acostumbra a todo”.

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