Alberto anunció la cuarentena extrema con tono moderado con el objetivo de recuperar protagonismo y autoridad

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Para anunciar la medida más extrema, eligió regresar a la moderación. El presidente Alberto Fernández presentó el regreso a una cuarentena durísima por el coronavirus, en medio del hartazgo social, porque debe dar respuestas sanitarias. Pero también buscó volver al espíritu moderado y conciliador que le rindió frutos en la primera parte de la cuarentena, porque necesita retomar el centro de la escena política y recuperar la autoridad presidencial que había sido desgastada.

El Presidente no sólo hizo un anuncio sanitario. Generó un acontecimiento político para beneficiar a su propia figura. Venía de semanas malas. El último fin de semana padeció el “Banderazo” en la misma puerta de Olivos y en todo se extendió a todo el país. El conflicto por la expropiación de Vicentín, ahora congelada, le provocó un serio deterioro en las encuestas de imagen y fisuras en el Frente de Todos.

El anuncio del retiro de Latam del país golpeó sobre la confianza en el futuro de la economía. La cuarentena es cada vez más ruinosa en lo económico. Y la renegociación de la deuda entró en una incertidumbre preocupante. Todo eso abrió serios interrogantes sobre el futuro plan “postpamdemia” o el plan del “día después” que ahora elabora Gustavo Beliz.

Luego de evaluar los efectos devastadores del caso Vicentin, Alberto Fernández se propuso salir de ese laberinto por arriba. Así fue como su entorno lo llevó a retomar la lucha contra el coronavirus como principal bandera de su Gobierno. Ayer volvió a ser el comandante en jefe de la guerra contra el enemigo invisible, papel que había dejado hace un mes para embarcarse en los caprichos veleidosos de la vicepresidenta Cristina Kirchner, embarcada en una venganza eterna contra Mauricio Macri.

En aquel regreso a la pandemia influyeron sus asesores principales, como Vilma Ibarra, Julio Vitobello, Gustavo Beliz, Juan Manuel Olmos, Eduardo Valdes y Leandro Santoro, el albertismo más puro. Se recluyó en Olivos hace diez días para tomar distancia del virus pero también de la radicalización.

Hasta suspendió un martes una reunión secreta que viene haciendo por las noches de esos días de la semana con Santiago Cafiero, Maximo Kirchner, Wado de Pedro y Sergio Massa.

Un rasgo que favoreció el regreso del viejo comandante en jefe es que el kirchnerismo duro coincide en que es momento de frenar a cero en la circulación para evitar contagios, enfermos, terapias intensivas y fallecimientos. Luego de experiencias como Cromagnon y la tragedia de Once, Cristina sabe lo que significa cargar muertos en bolsas para la gobernabilidad política.

Alberto había perdido el rumbo por un tiempo. El ataque a los empresarios, las críticas a María Eugenia Vidal y a Macri, las insinuaciones sobre la culpa del gobierno porteño en la propagación del virus, y el anuncio de la expropiación de Vicentin lo habían sacado a Alberto de su agenda más virtuosa, la que mejor podía aprovechar para exhibir eficiencia.

Con el anuncio de ayer, con toda la dureza del caso, regresó a esa agenda sanitaria. La economía no puede dar réditos: recesión, peligro de default, crisis fiscal y parálisis no puede ofrecerle ningún logro. El único capital simbólico que le queda es convertirse en el Presidente que logre “salvar muchas vidas”.

La firmeza y la dureza tienen que ver con su intención de restaurar la autoridad presidencial. Es parte de recuperar la iniciativa política y el centro de la escena. El gran temor en el Gobierno es que la gente no acate la cuarentena dura, como ocurrió en las últimas semanas en las cuales la Ciudad y el conurbano fue un ir y venir de personas con permisos falsos.

Por lo cual se montarán fuertes mecanismos de renovación de permisos, cruces de datos, despliegue de fuerzas de seguridad, una postal militarizada, la activación de la tarjeta SUBE con identidad del usuario, restricciones en el transporte solo para esenciales, cierre de comercios de cercanía y freno a la actividad física de los runners. Con ello buscará dejar una imagen fantasmal de “calles vacías” en la Ciudad y en el conurbano. En ese objetivo se juega la autoridad presidencial.

“Alberto necesita demostrar que ordena que la cuarentena regrese a la fase 1 y que la gente le obedece”, señalaron en el entorno del Presidente. “Pero además no puede hacerlo a cara de perro y necesita empatizar con la gente, mostrarse conciliador y receptivo a las angustias de la gente”, agregaron.

Por eso, resolvió anunciar las medidas más extremas, en el peor momento económico y de hartazgo social, con el tono más moderado en su discurso y un llamado a la responsabilidad individual y a la solidaridad. Convocó a ser solidarios los ciudadanos del Area Metropolitana (AMBA) con el interior del país, para no aumentar los contagios ni adentro ni afuera de los límites de la General Paz y del Riachuelo.

Sin criticas ni bravuconadas, refutó a quienes lo atacaron por “estar enamorado de la cuarentena” y dijo que él sólo “está enamorado de la vida y por eso la cuida tanto”. Cuestionó a los que lo descalifican por las restricciones a las libertades individuales y aseguró que “ama la libertad pero para ser libres primero hay que vivir”. Puso en alto dos valores humanos irrefutables para cualquier mortal: la vida y la libertad, por encima de las penurias económicas.

Luego enunció las medidas, advirtió sobre el uso de la fuerza pública, y dijo que permanecerán abiertas las fábricas con protocolos, sin uso de transporte público, y continuarán los paseos recreativos de niños. Una concesión a Axel Kicillof y otra a Horacio Rodríguez Larreta, que discutieron entre sí por esas actividades, por el recorte del transporte, por los runners y el comercio no esencial de cercanía, que estará restringido. Se profundizará, también, el Plan Detectar, de rastreo del virus.

Incluso, hasta en el tiempo del discurso el Presidente fue el más extenso, como le corresponde a un jefe político y al comandante de la guerra contra el Covid. Se puso por encima de los dos gobernadores de distrito.

Alberto terminó con otros mensajes de empatía hacia la gente. Se solidarizó con los que perdieron a un ser querido por la pandemia y convocó a los demás a no bajar los brazos porque “otro esfuerzo vale la pena”. No dijo que será el último. Tal vez le toque pedir más sangre sudor y lágrimas, porque es lo único que está en condiciones de ofrecer.

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