Posibles escenarios de catástrofe en un gobierno de Macri y una oposición del PJ durante una cuarentena

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Si hoy Mauricio Macri fuera el presidente, la pandemia probablemente hubiera convertido al país en un desastre como dijo el jefe del Gabinete, Santiago Cafiero. La decisión de disponer una cuarentena obligatoria hubiera sido condenada desde el origen por el Frente de Todos en el Congreso. Hubiera sido denunciado como una catástrofe social y hubiera convocado tres veces al jefe de gabinete, Marcos Peña, para interpelarlo en el recinto y éste hubiera aceptado mansamente la trampa de dar explicaciones de por qué el virus llegó a la Argentina.

El bloque peronista unificado hubiera encontrado número suficiente para rechazar en las dos cámaras parlamentarias el DNU 260/2020 que dispuso el aislamiento obligatorio y todos los DNU de prórroga por anticonstitucionales.

El bloque opositor hubiera fundamentado que coartaba los derechos y garantías  básicos de la Constitución. Eran decretos de evidente corte neoliberal y que buscaban perjudicar a los trabajadores, a los movimientos sociales y al campo nacional y popular, porque les quitaba el derecho a trabajar y a circular.

Y en cambio beneficiaba a las grandes corporaciones y al poder económico concentrado; a los grandes supermercados y a las corporaciones hegemónicas que tienen espaldas para resistir y son las únicas que podrían funcionar.

Nadie en el PJ hubiera aceptado un ataque tan evidente de Juntos por el Cambio a las Pymes que estarían obligadas a cerrar sus persianas y a dejar trabajadores en la calle. Se trataba de un plan desembozado para darle el monopolio de las ventas a los supermercados, tanto en alimentos como en electrodomésticos, vestimenta, calzado y artículos de bazar, con la clara finalidad de matar a los pequeños y medianos empresarios y productores, a los que defiende el PJ y el macrismo quiere pulverizar.

“Macri, basura, vos sos la dictadura”, hubiera sido el estribillo de los piqueteros, la izquierda y La Cámpora, entonado en marchas sin distanciamiento social en el Obelisco y en la Plaza de mayo. Hubieran violado la distancia porque los gorilas y oligarcas no pueden disponer del “distanciamiento del pueblo que debe estar unido y mancomunado en la lucha contra los oligarcas, el gorilismo rural y el poder financiero internacional”.

Todos hubieran marchado tomados del brazo con una bandera «Basta de cuarentena, queremos trabajar». Los contagios hubieran sido catastróficos, pero la culpa hubiera sido toda de los “chetos”. Quien otros si no… Por eso, hubiera habido destrozos y saqueos en los grandes supermercados o en empresas emblemáticas. La Gendarmería hubiera sido señalada como la gran represora.

El índice de movilidad jubilatoria del gobierno de Macri en 2017 no hubiera cambiado. Los jubilados ganarían un 15 o 20% más de lo que ganan con el gobierno nacional y popular que suspendió esa fórmula. Pero el peronismo igualmente estaría exigiendo un aumento adicional de los «haberes de hambre para nuestros abuelos» y una suma fija todos los meses hasta que termine la pandemia. La lucha contra la movilidad jubilatoria de Macri continuaría porque se esgrimiría que fue ruinosa para los jubilados.

El ingreso del IFE de 10.000 pesos mensuales hubiera sido rechazado como un salario de miseria y de hambre. Qué otra cosa se podía esperar de Macri y de su plan para encubrir millones de despidos, destrozar Pymes y sacar del sistema a miles de trabajadores. Por eso, el Frente de Todos hubiera convocado a marchas junto a la CGT para exigir urgente un IFE tres veces mayor: 30.000 pesos o paramos el país.

La CGT hubiera rechazado cualquier propuesta afiebrada de la UIA de suspender trabajadores por 60 días a cambio del recorte de 25% de los salarios de los trabajadores sin actividad laboral. Era una locura total si gobernaba Macri, pero a Alberto se lo aceptaron porque no tiene la culpa del coronavirus.

No solo no lo hubiera aceptado como acuerdo. La CGT hubiera ido por más: un incremento de los salarios de convenio (pese a la parálisis de la pandemia) en paritarias libres del 30% en junio y del 30% en septiembre para acompañar la inflación del supermercado y no la del Excel de Dujovne, Quintana o Lopetegui.

Para forzar esos aumentos en paritarias, Moyano competiría con Daer para convocar, cada uno, más y más paros y ya estarían por la tercera medida de fuerza con movilización a la Avenida 9 de Julio en protesta por la parálisis de la economía que sería obviamente el producto del modelo neoliberal que se escuda detrás de la pandemia para seguir destruyendo puestos de trabajo.

El programa de Asistencia para el Trabajo y la Producción, ATP, sancionado por DNU, también hubiera sido anulado por el Frente de Todos en el Congreso. Para el peronismo, hubiera sido inaceptable que Macri gobernara por DNU, aunque no funcionara el Congreso por una pandemia mundial. ¿Cómo no escuchar a los representantes del voto popular? ¿Cómo dejar que Macri ayudara a todos sus amigos empresarios con dinero del Estado y de los trabajadores para pagar salarios? Los salarios son responsabilidad de los empresarios que debían ponerla de su bolsillo. No del Estado.

Los detenidos por violar la cuarentena serían “los presos políticos de Macri” y seguramente habría más de un “desaparecido del neoliberalismo”. Se hubieran organizado marchas para liberar a todas las víctimas de la represión macrista. Todos los operativos de retenes en la Ciudad y el conurbano hubieran sido descalificados como la “militarización” del gobierno neoliberal. Y la presencia de las Fuerzas Armadas en las villas hubiera sido rechazada como la antesala a un golpe militar, con marchas de todas las organizaciones de Derechos Humanos, con Hebe a la cabeza.

El operativo de cierre de Villa Azul hubiera desatado movilizaciones antológicas de la izquierda y de La Campora a la Plaza de Mayo para condenar, repudiar y resistir al autoritarismo de Macri y de María Eugenia Vidal. Hubiera sido presentado como una guerra de ricos contra pobres. El cierre del Congreso y las sesiones virtuales hubieran sido rechazadas por antidemocráticas y el diputado Horacio Pietragalla hubiera increpado junto a Leopoldo Moreau, Máximo Kirchner y el Cuervo Larroque a Emilio Monzó en su oficina de la Cámara baja con acusaciones diversas para hacer funcionar el Congreso con los representantes del voto popular.

Seguramente, Macri no hubiera tenido tanta decisión de emitir dinero con la maquinita del Banco Central para apagar el incendio, es verdad. Y entonces hubiera tomado más desembolsos del FMI para cubrir el déficit y contener la inflación y hubiera dispuesto ya el décimo quinto “reperfilamiento” de vencimientos de la deuda con Hernán Lacunza como ministro para no pagar la deuda.

Pero eso no lo hubiera aceptado el kirchnerismo: más dinero del FMI era más hambre del pueblo, endeudamiento y fuga de capitales para los amigos de Macri.

También el kirchnerismo y la CGT hubieran rechazado con una seguidilla de paros el acuerdo con el FMI y con los acreedores privados con una quita del 50% de la deuda que seguramente anunciará Alberto como un triunfo de la soberanía nacional. Porque el núcleo duro del peronismo K hubiera esgrimido que era un negocio de los amigos del poder con los bonistas y los grandes bancos.

Hubiera sido presentada como una renegociación entreguista y cipaya, lisa y llanamente inaceptable. El pueblo estaría en la calle, arderían gomas y barricadas, habría millones de piedras arrojadas contra policías y gendarmes, y probablemente un pico de contagios sideral, que sería atribuido a las políticas de ajuste y de hambre del neoliberalismo. El país, posiblemente, sería un desastre.

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