Policía «bueno» y «malo»: Alberto le habla a los moderados y Cafiero es el gladiador de los guiños a Cristina

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El gobierno de Alberto Fernández decretó una división del trabajo en lo más alto del poder. El Presidente inauguró en Villa La Angostura una planta de líquidos cloacales y rescató que sentía orgullo anunciar una obra que había comenzado su antecesor, Mauricio Macri. Un buen gesto. Pero apenas pocas horas después su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, dijo que “con Macri esta pandemia hubiera sido una catástrofe”.

El primer mandatario hace de “policía bueno” y su ministro coordinador juega el papel del “policía malo”. El Presidente se ocupa de hablarle a la clase media moderada y Cafiero a la vicepresidenta Cristina Kirchner, una suerte de Gran Hermano que monitorea a distancia al Gobierno y marca todo el tiempo terreno.

La moderación es una mala palabra para el kirchnerismo duro. El ex funcionario ultra K Gabriel Mariotto lo dijo con todas las letras. «Si Alberto no hubiera sido moderado, no ganábamos las elecciones. Pero ahora hay que terminar con la moderación». Por eso, un ala del albertismo debe responder a ese reclamo que en privado hace Cristina.

Gabriel Mariotto

“Si Alberto no hubiera sido moderado no ganábamos, pero ahora hay que terminar con la moderación”

Alberto se mostró anteanoche en Neuquén conciliador y democrático, mientras Cafiero, apenas horas después, rompía los puentes con el macrismo. El joven jefe de Gabinete se había convertido en el nuevo gladiador del discurso radicalizado y crispado, días atrás, cuando declaró que “el virus es clasista” porque mata a los pobres. La frase es del manual de estilo kircherista.

Omar Gutiérrez, gobernador de Neuquén, y Alberto Fernández

Pero era una mentira: en los barrios vulnerables la letalidad es tres veces menor que en el resto del país. Igualmente, servía para instalar la idea de que el Covid 19 es un virus que trajeron los chetos de afuera en desmedro de los pobres, aunque Cafiero sea un peronista cheto de San Isidro.

En el mismo sentido, el gobernador de La Pampa, Sergio Ziliotto, un subordinado fiel de Cristina por medio de su secretaria parlamentaria, la pampeana María Luz Alonso, dijo en estos días que “a la Argentina que trabaja le sobran muchos porteños”. Porteños como Macri, Horacio o como Alberto.

El jueves último, el Presidente sentó en la conferencia de prensa en Olivos, a su derecha, al jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Esa foto nunca le gusta a Cristina Kirchner. Lo trató con deferencia, como si fuera un aliado, con elogios a las propuestas de aliviar la angustia de los niños, rescatando propuestas del jefe de gobierno porteño macrista.

Cafiero encabeza reuniones con la Ciudad y con la provincia de Buenos Aires

Además, propuso en la misma conferencia convocar a un Nuevo Contrato Social entre empresarios y trabajadores. “El diálogo tiene que ser algo normal para encontrar consensos con vistas al futuro porque la pandemia nos da una oportunidad”, dijo el magnánimo Presidente.

Pero en el Senado, la noche anterior, la presidenta del cuerpo, Cristina Kirchner, llevó al Frente de Todos a imponer a las trompadas su mayoría para votaciones de leyes que nada tenían que ver con la pandemia, pese a que el protocolo de sesiones virtuales firmado por ella así lo ordena. La oposición quiso hacer respetar aquel acuerdo, pero no hubo caso.

No hubo espacio para el diálogo con Juntos por el Cambio, que se retiró de la sesión virtual porque se opuso a tratar esos temas, la ley de alquileres, la educación a distancia y un DNU de escuchas telefónicas. Con eso, los senadores radicales y macristas demostraron, como dato político, que le pueden impedir al PJ la mayoría absoluta de dos tercios de los votos del Senado.

La vicepresidenta Cristina Kirchner no se detuvo en cordialidades ni en menudencias dialoguistas y ordenó los tantos en el bloque para vencer por la fuerza, 42 votos a cero, la votación por el rechazo al DNU que firmó Macri en 2015. Si ese rechazo se ratifica en Diputados, las escuchas pasarán de la Corte Suprema, donde las puso Macri, a la Procuración General de la Nación, donde el PJ quiere imponer a Daniel Rafecas.

Para colocar a Rafecas al frente del Ministerio Público como jefe de los fiscales, el kirchnerismo hace fuertes presiones sobre los gobernadores cambiemistas de Jujuy, Gerardo Morales, y de Mendoza, Rodolfo Suarez. Si se allanan, habrá recompensa; si se oponen, ni Justicia. La guerra está declarada y habrá combate.

El correntino Gustavo Valdes ya fue cooptado por el kirchnerismo duro, trabajado por Wado De Pedro. A los jujeños, los K le agitan el fantasma de la intervencion judicial y de la liberación de Milagro Sala; a los mendocinos, los atormentan con la aprobación de créditos BID para la provincia.

Por ahora, no hay fisuras en el bloque de Cambiemos, aunque todos miran de reojo a los senadores jujeños para que Cristina no obtenga los dos tercios. Y preparan un proyecto de reforma de Ministerio Público más restrictivo para negociar por Rafecas y frenar o moderar su designación.

No siempre la convivencia democrática tiene que ser perfecta. Mientras Alberto elogiaba a Macri por la planta de líquidos cloacales en Villa La Angostura junto al gobernador de Neuquén Omar Gutiérrez, del MPN, la Casa Rosada informaba a la prensa una segunda denuncia a Macri, a Gustavo Arribas (ex AFI) y a Silvia Majdalani por “espionaje ilegal”. El espionaje y las escuchas se metieron en la grieta.

Cafiero, el nuevo gladiador del discurso radicalizado

“Alberto fortaleció el sistema de salud en tiempo récord con una Argentina quebrada que dejó (Mauricio) Macri, recordemos que nos habían dejado sin Ministerio de Salud. Imaginen lo que hubiera sido esta pandemia con Macri gobernando, una catástrofe”.

En la semana, la Comisión Bicameral del Seguimiento de la Deuda, presidida por el PJ, también comenzó a investigar la deuda contraída por la gestión de Macri y la fuga de algunos capitales, no de todos.

La Comisión de Justicia que preside Oscar Parrilli, mano derecha de Cristina, convocó a declarar a Mario Cimadevilla, ex titular de la ex Agencia Especial de la AMIA que había denunciado hace dos años presiones del entonces gobierno macrista para no denunciar a los fiscales Mullen y Barbaccia. Y la Comisión Bicameral de Inteligencia presidida por ex alfonsinista-ahora K Leopoldo Moreau impulsa las denuncias de la AFI contra la gestión macrista de la inteligencia. Otra vez, el espionaje.

En Diputados, el Frente de Todos, con apoyo lavagnista, le quitó quórum a una sesión especial pedida por Juntos por el Cambio para rechazar el DNU de los superpoderes de Cafiero. El manejo del escuálido presupuesto a discreción continuará intacto. Cambiemos exige que Cafiero vaya a rendir cuentas al Congreso, que aún no lo hizo, lo que ocurrirá la semana que viene si se respeta la agenda prevista.

La pandemia mostró en su origen el espejismo de las fotos de Alberto con Rodríguez Larreta, que en un principio parecían el amanecer de un nuevo tiempo de diálogo democrático. Cristina Kirchner desaprobó esa foto. Lo suyo es la confrontación contra los quienes cree que la quieren ver presa. Para ellos, las llamas del infierno. Contra Macri activará todas las causas judiciales posibles.

Ello abrió una grieta en Cambiemos, apenas disimulada. Macri quiere que Rodríguez Larreta se le plante a Alberto, pero el jefe de gobierno quiere gobernar sin sobresaltos. También en Juntos por el Cambio hay policías buenos y policías malos.

En Olivos, Alberto recibió hace dos semanas a Cafiero, Wado De Pedro, Máximo Kirchner y Sergio Massa. Desde entonces, el albertismo abrazó con más convicción el discurso K, de confrontación abierta y promoción del conflicto. Ernesto Laclau decía que la democracia consistía en el conflicto permanente entre el nosotros y ellos, los enemigos del pueblo.

Cafiero es el vocero del nuevo maniqueísmo dialéctico. “Con Macri, esta pandemia hubiera sido una catástrofe”, se despachó. “Alberto fortaleció el sistema de salud en tiempo récord con una Argentina quebrada que dejó (Mauricio) Macri, recordemos que nos habían dejado sin Ministerio de Salud. Imaginen lo que hubiera sido esta pandemia con Macri gobernando, una catástrofe”, dijo Cafiero.

El nieto de Antonio Cafiero se convirtió en el mejor discípulo de Néstor Kirchner denunciando la herencia recibida y la épica de haberla resuelto en tiempo récord. El primer pingüino, en su relato, había sofocado en cinco minutos el incendio que le había dejado en 2003 el supuesto inepto de Eduardo Duhalde, por cuya bendición el santacruceño había llegado a ser Presidente, para lo cual designó como ministro salvador a Roberto Lavagna, el mismo ministro que le había dejado el país incendiado.

Siempre el relato puede ofrecer algunos flancos contradictorios. Alberto también elogiaba en Neuquén obras comenzadas por su antecesor, que para Cafiero es el culpable del incendio en la salud y en el país. El problema entre el policía bueno y el policía malo radica en que nunca se sabe cuál dice la verdad.

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