Los hombres de Alberto se alinean tras el discurso radicalizado de Cristina y crece el pico de contagios del virus K

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La agudización de la crisis sanitaria y económica exacerbó los ánimos y agigantó la grieta. El gobierno de Alberto Fernández comenzó a transitar la cuarentena con políticas y discurso moderado, conciliador, amplio y abarcativo. Pero a medida que crece la intervención de Cristina Kirchner y el malestar de sectores opositores por la parálisis de la economía, la Casa Rosada comenzó a radicalizar su discurso y en el oficialismo creció el pico de contagios del «virus K».

El coronavirus «es clasista», los «porteños sobran» y «veremos cadáveres apilándose» si hacemos algo diferente a lo que propone el Gobierno: cuarentena o muerte.

La definición de caso sospechoso de «virus K» está conformada por los siguientes síntomas: frases afiebradas a altas temperaturas, sensación de intolerancia al otro, malestar ante la presencia de un ser diferente, incontinencia verbal, clasismo oral y pérdida del buen gusto y del olfato prudencial.

En Olivos, el martes último, hubo una comida secreta, encabezada por el Presidente. En ella participaron el jefe del Gabinete, Santiago Cafiero, el ministro del Interior, Eduardo «Wado» De Pedro, el jefe del bloque del Frente de Todos, Máximo Kirchner, y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

La reunión sirvió para coronar con el acuerdo entre albertistas y kirchneristas tras semanas de altas tensiones por las discusiones internas entre Alberto Fernández y la ex presidenta por los distintos enfoques: el Presidente quiere ser más moderado y la vicepresidenta siempre quiere ir por todo: reclama jugar más a fondo en contra de las grandes empresas y en favor de un mayor control del Poder Judicial.

Ella no toleró la ayuda económica a las empresas Clarin y Techint. Mientras que él se lamentó amargamente de las decisiones inconsultas de funcionarios K, como Felix Croux, que dispuso que la Oficina Anticorrupción se retire de las querellas de las causas Los Sauces y Hotesur, que comprometen a la ex presidenta.

El martes sellaron el acuerdo de que todas las políticas y el tono del discurso serán acordados con la ex presidenta Cristina Kirchner. Ella es «la jefa» y se considera con derecho y poder como para reclamarle a él que cumpla lo acordado a cambio de haberlo convertido en Presidente de la Nación. Entre otras cosas, alivianar la carga de los juicios que pesan en contra de ella y su familia.

De ese modo, el albertismo se radicaliza. Santiago Cafiero señaló ayer que «entendemos el reclamo (de los que piden el fin de la cuarentena), pero queremos que se sepa que el coronavirus es democrático para expandirse pero profundamente clasista cuando hay que contar las muertes». Otra vez, la confrontación entre ricos y pobres. La frase estuvo posiblemente dirigida a satisfacer a oídos kirchneristas con quienes se había reunido en Olivos.

Pero si se miran los números, el virus no es clasista para matar seres humanos: en los barrios vulnerables el índice de letalidad es por ahora de 0,79% mientras que en la población general es de 3,21%. En las villas más pobres de la Ciudad de Buenos Aires fallecieron 28 personas sobre 3518 contagiados hasta hace tres días (los datos están demorados), mientras que en el resto del país fallecieron hasta ayer 541 personas sobre 16.851 infectados. El virus afecta más a las personas mayores y a las que tienen enfermedades preexistentes, no a los que tienen menos riquezas.

El discurso radicalizado va ganando terreno. El gobernador peronista de La Pampa, Sergio Ziliotto, criticó las protestas en la Ciudad de Buenos Aires y otros puntos del país. «No nos podemos distraer por lo que piensen cuatro o cinco. Lamentablemente, a la Argentina que trabaja le sobran muchos porteños», dijo Ziliotto, que es sostenido políticamente por María Luz Alonso, secretaria parlamentaria de Cristina Kirchner en el Senado. Alonso, de origen pampeano, es la candidata de Cristina para La Pampa en 2023 y Ziliotto depende de ella como del agua.

También volvió al ruedo el ministro de Salud provincial, Daniel Gollán, con sus comentarios temerarios. «Si se levanta la cuarentena, en quince o veinte días, empezamos a ver las imágenes de Nueva York, Manaos o Italia y España, con cadáveres apilándose en cámaras frigoríficas, en las calles o en los geriátricos», dijo. Gollán responde al ultracristinismo y cada tanto pronuncia palabras que son música para los oídos de la Señora, quien dirige la orquesta desde el silencio.

Pero estos discursos no son un hecho aislado. El propio Presidente al prorrogar la cuarentena se enojó con los periodistas y dijo que esta «va a durar lo que tenga que durar» y pidió que los medios de comunicación «dejen de sembrar angustia», en otra muestra de confrontación con los medios, a los que en el kirchnerismo se identifica con el poder que representa a los poderes económicos concentrados.

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