Pichetto denunció que el Gobierno alienta el “pobrismo como ideología” y culpó a la Iglesia, sin arrepentirse de haber sido parte

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El ex senador del peronismo y ex candidato a vicepresidente de Juntos por el Cambio Miguel Pichetto hizo una furibunda crítica al “pobrismo como ideología” al que vinculó sorpresiva e innecesariamente con una “visión jesuítica”, que según señaló es una “forma de dominación política y también una forma de limitar las libertades”, con lo cual redondeó un fuerte ataque a la Iglesia católica posiblemente llevado por su mala relación con el papa Francisco.

El ex senador del menemismo, el duhaldismo y el kirchnerismo habló con conocimiento de causa. Podría interpretarse que el ahora líder de Juntos por el Cambio conoce desde adentro al kirchnrismo y por eso lo denuncia con tanta precisión. Pero en su crítica buscó vincularlo con la Iglesia, como si todos los católicos o todos los jesuitas fueran aliados al kirchnerismo y allí su discurso no pareció consistente.

“¡Cuidado si avanza la Argentina de la pobreza a niveles que superan el 50%. Detrás de esa visión del mundo de los pobres, de los planes, de la AUH, del asistencialismo, hay también un sistema de control de las libertades y de dominación del proceso electoral”, dijo Pichetto en el video, que se presenta en la portada de Youtube con fotos del papa Francisco junto a Cristina y un cura villero. No puede soslayarse que Pichetto participó del sistema político que hoy critica mucho más que la Iglesia, que lo ha denunciado en infinidad de oportunidades al igual que la mayoría de sus fieles.

Precisamente, Pichetto cargó contra uno de los sacerdotes que predican en los barrios vulnerables. “El otro día vi a un cura villero, que no voy a dar el nombre, por supuesto repartiendo alimentos que le da el Estado en una tarea proba, hay una visión humana de estar al lado de los pobres… tenía la Iglesia abierta, es todo un tema ese. ¿Pero qué se había abierto en esa Iglesia de la villa? La oficina de la Anses y del PAMI”, dijo.

“Ahí entran los efectores políticos y no hay que ser ingenuos: la Argentina de la pobreza se parece mucho a la Venezuela de la pobreza extendida y a un dominio muy pleno de la estructura del poder estatal en función de la dominación electoral. El riesgo de las libertades y de la alternancia democrática y de un sistema democrático en la Argentina, si se consolida ese modelo y esa visión del mundo, estamos perdidos”, agregó Pichetto en una referencia en la que pareció insinuar que la Iglesia es funcional a sistemas que derivarían en el régimen dictatorial bolivariano.

“En la Argentina ser un empresario, un emprendedor, un comerciante, es una figura mal mirada, esta visión nos destruye. Siempre el mundo es el de los pobres, el Reino de los Cielos va a ser de los pobres”, ironizó el ex senador sobre la prédica eclesiástica. Ignora, quizás, Pichetto que una mayoría de instituciones y fieles católicos consagran su vida a la educación de calidad para el progreso de los sectores más humildes y que en las provincias más pobres siempre habrá alguna capilla o institución vinculada a la Iglesia que hace por los pobres mucho más que el Estado en su formación moral.

Incluso, a eso precisamente se dedica la Compañía de Jesús, una orden religiosa de la Iglesia Católica fundada en 1534 por el español Ignacio de Loyola a la que el ex senador acusa despectivamente de estar vinculada con “la ideología del pobrismo” en una “visión jesuítica”. Indudablemente, una patinada de Pichetto innecesaria. Ignorará Pichetto que muchos votantes de Cambiemos se han educado y educan a sus hijos en instituciones vinculadas a la Compañía, una orden que extiende sus actividades en los campos educativo, intelectual, social y misionero. Los jesuitas han sido en parte, al igual que la Iglesia, de la fundación misma de la Argentina.

El trabajo misionero de los jesuitas, sumada 2000 parroquias en todo el mundo, no pueden ser opacados por la visión corta de Pichetto en su relación personal con el padre Jorge Bergoglio, con el cual tendrá diferencias de política doméstica que debería intentar resolver mediante otros mecanismos más conciliadores.

Prosiguió Pichetto: “Ahora, tratar de generar riqueza, generar empleo, eso está mal mirado, sospechado, cuestionado, y hemos perdido una batalla cultural en los medios de comunicación en los últimos 30 años, que ha consolidado este núcleo de ideas. Para eso es imprescindible generar un debate de fondo en la Argentina”. En esto último, uno podría suscribir en forma absoluta: generar riqueza y empleo no puede ser sospechado ni cuestionado, sino alentado y promovido. Eso precisamente está en la base de la Doctrina Social de la Iglesia: la defensa de la propiedad privada como base del humanismo y del progreso del hombre, con justicia social. Pero no es lo que ha hecho el peronismo, lamentablemente, en los últimos 30 años en los que Pichetto participó y en los que él fue parte de ese avance cultural sobre los medios.

El ex senador propuso una línea de acción: “Un debate mucho más profundo, que tiene que ver con defender la actividad privada. Si ahora no hacemos una defensa del sector privado y no preservamos al mundo de las empresas, de las Pymes y de los comerciantes, la Argentina esta perdida. Es indudable que los efectos van a ser demoledores; pero ojo: van a ir en el rumbo de un sector que quiere eso, no es neutro, hay en ese tema una cosmovisión de la Argentina en orden a como se puede controlar el espacio de la política, de la sociedad y del electorado cuando vota”.

Cuesta compatibilizar esta parte del discurso de Pichetto con las políticas que defendió como jefe del bloque del Frente para la Victoria, que siempre estuvieron en abierta contradicción del sector privado a lo largo de los gobiernos kirchneristas, ya sea por las constantes intervenciones del Estado sobre los privados como por las estatizaciones de las AFJP, de YPF, de Aerolíneas Argentinas y los aprietes de Guillermo Moreno a los empresarios a los que no dejaba importar o intervenía en sus directorios o los multaba.

El planteo de fondo de Pichetto es atendible y tiene puntos altos, de fácil coincidencia, pero también surgen varios interrogantes y puntos que conviene poner en claro:

1- ¿Pichetto habla como un auténtico crítico de la desviación del peronismo como artífice de políticas sociales basadas en la dádiva y la prebenda para los pobres o habla como un arrepentido del sistema para el cual trabajó desde que era incondicional de Carlos Menem? Menem, Duhalde, Kirchner y Alberto Fernández siempre utilizaron el sistema de los aparatos políticos nutridos de pobreza para ganar elecciones y él hace una descripción muy precisa de este sistema. Pero omite decir que fue parte de él, que por eso lo denuncia y lo conoce, y que lo defendió a capa y espada en el Senado. Los republicanos estamos dispuestos a perdonar, pero antes debe hacerse cargo de que fue parte del sistema y decirlo con toda sinceridad. Y como tal puede ser muy valioso para la futura etapa que requiere consensos muy fuertes y actos de arrepentimiento. Vamos todos por un país en el que la educación y la formación laboral para los pobres sea la base de la dignidad del ser humano y de la salida de pobreza, con trabajo y progreso, a partir de un capitalismo humanista, con reglas claras, competitividad y creación de empleo genuino y de calidad, y un mercado regulado pero no intervenido por el Estado y en un marco jurídico de Estado de Derecho.

2- No se puede caer en señalar una supuesta responsabilidad del “pobrismo” a los jesuitas o a la Iglesia en general, parece una enorme falta de respeto a una institución que genera infinidad de beneficios a la sociedad, desde educación, con cientos de colegios y universidades, hasta obras de caridad a nivel de la capilaridad de las capillas y de una institución como Cáritas, entre otras muchas. En el discurso anticlerical, quizás Pichetto arrastre defectos de su paso por el kirchnerismo. Y es una enorme falta de respeto a quienes han sido educados, formados y graduados en universidades y colegios jesuitas y confían en ellos para educar a sus hijos con una educación formadora de valores humanos y de excelencia académica. Los jesuitas no fundaron el “pobrismo” en la Argentina. Todo lo contrario, han ayudado enormemente al progreso como formadores y educadores de todas las clases sociales. No se puede confundir a los jesuitas con la ideología de algún jesuita en particular y menos si se lo hace por una historia de una mala relación personal con un individuo, aunque ese individuo sea el mismo papa Francisco. El mayor responsable del “pobrismo” en la Argentina fue un sector del peronismo que nunca pudo emular ni en la mínima parte el progreso humano que le dio a los pobres el ex presidente Juan Domingo Perón. Fueron los malos peronistas que lo sucedieron, sus herederos, quienes chocaron el país. Tal vez haya habido algún jesuita que los haya acompañado en esa faena, pero su error no fue ser jesuita sino ser un mal peronista. La concepción de los pobres como categoría moral superior no proviene del catolicismo ni de la Iglesia sino de la confusión de muchos peronistas que, incluso advertidos en 1974 por Perón, abrazaron las ideas de Mao y del marxismo deshumanizante, inspirados por la revolución cubana, que nada tuvo de jesuita ni de cristiana, sino que fue totalitaria y comunista.

3- No debería incursionar Pichetto en interpretaciones capciosas del cristianismo acerca de su opción por pobres, o ironizar sobre su condición de “merecedores del Reino de los Cielos”, en abierta crítica a la Iglesia, porque esa visión surge de una lectura lineal y literal, por ende superficial, de algunos pasajes de la Biblia y no es parte del mensaje central de Cristo ni forma parte de la Doctrina Social de la Iglesia. Los católicos y la Iglesia proponen la justicia social; la opción por los pobres, pero como un mandato de revalorización de los trabajadores y de la propiedad privada como bien social. La Iglesia históricamente ha sido un actor fundamental en la lucha contra el marxismo deshumanizante y contra el comunismo materialista, que sí generaba pobres y los esclavizaba y los sometía a los totalitarismos. Esa ha sido su doctrina y su historia y el mensaje central ha sido “amar a los unos a los otros” para el progreso espiritual y económico de todos, dando al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios, con empresarios como lo fueron Enrique Shaw que tuvieran sensibilidad social para hacer participar de la riqueza a todos, pero no por ello decretando una igualdad totalitaria.

4- Las buenas ideas que expresa Pichetto en cuanto a la creación de riqueza y la creación de empleo deben ser acompañadas de una fuertísima declaración en favor de la inclusión social en todas sus formas, de la igualdad de oportunidades, de la no discriminación de los pobres ni de ningún sector de la humanidad. Y por ello mismo de la defensa de los más indefensos, incluso de aquellos que aún no nacieron. El aborto es parte del proyecto deshumanizante del marxismo que él mismo critica como el “pobrismo” y por lo tanto quienes luchemos contra ese mal debemos defender la vida desde el vientre de la madre, como bien lo hicieron Juan Domingo Perón, Eva Perón, Ramón Carrillo, Carlos Menem, Eduardo Duhalde y hasta no hace mucho tiempo Néstor y Cristina Kirchner. El humanismo ama el progreso y la vida de todos, la inclusión de los más humildes y los derechos humanos de los más indefensos.

 

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