ALBERTO AHORA PIENSA EN UN CAMBIO GLOBAL QUE LE SIRVE PARA CAMBIAR SU VIEJA AGENDA Y LEVANTAR OTRAS BANDERAS

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Por Mariano Obarrio

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La pandemia del coronavirus cambió la agenda del mundo. El presidente Alberto Fernández comenta en la residencia de Olivos, convencido, que se viene un cambio planetario, casi como una nueva era geológica causada por la caída inesperada de un meteorito. Cambió el ecosistema mundial. La vida y la salud pasan a ser la prioridad, con un mundo en cuarentena que está paralizado, mientras que la economía, las finanzas y las metas macroeconómicas y fiscales quedarán por mucho tiempo en sumergidas en un segundo plano por lo cual el gasto público será la única manera de combatir los efectos catastróficos del virus.

Por un lado Alberto Fernández lleva sobre sus espaldas la pesada responsabilidad de procurar que la pandemia no provoque miles de muertes en el país que gobierna. Y eso lo tiene altamente preocupado. Pero por otro interpreta que la crisis sanitaria le libera las manos para arremeter con medidas que sólo pueden ser tomadas en circunstancias extraordinarias y que son impensables en épocas de normalidad. O que en tiempos de paz serían inaceptables para la economía.

En medio del caos sanitario universal, el Presidente piensa que deberá formular muchísimos más anuncios de los que ya hizo para sostener a todos los sectores económicos devastados por el fenómeno nuevo. Todo es día a día. Ayer el Gobierno se dio cuenta que la suspensión del clearing bancario paralizaba a un sector económico y lo liberó. Un día antes anunció una suma fija para monotribuitstas y trabajadores informales.

Por otra parte, Alberto Fernández nunca hubiera pensado que trabajaría codo a codo con las Fuerzas Armadas. El virus los unió. Y también generó las fotos impensables con toda la oposición, tanto los gobernadores como los legisladores, como si fueran un sólo gabinete.

En medio de la tragedia del ingreso del virus, que ya se llevó 8 vidas, se encontró con buenas noticias políticas: pudo unificar a su gobierno. La catástrofe sanitaria también pulverizó las internas, el doble comando, y lo puso al mando indiscutido de la crisis. O de la guerra contra el virus.

Nadie se acuerda ahora del liderazgo de la vicepresidenta Cristina Kirchner. Y ella parece haberle delegado el mando a su delfín. Ella tampoco se había hecho cargo de ponerse al frente durante otros desastres como la tragedia de Cromagnon, la de Once o las inundaciones de La Plata. No se siente cómoda en las malas. Por el contrario, el Presidente encontró un “tema”, una bandera, un objetivo común a todos y se puso al frente. Dudó hace un mes, pero fue a fondo el 13 de marzo con la cuarentena para viajeros, con la suspensión de clases y luego el 20 con la cuarentena total obligatoria.

El mundo no está mejor que la Argentina y le ofrece un escenario totalmente diferente al Presidente. En algunos países la situación es mucho peor, por ahora. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, acaba de anunciar un paquete de 2 billones de dolares (no millones, billones) para contener el desastre económico. La caída del 30% de la economía podría superar a la Gran Depresión de 1929.

El paquete se asemeja a un “New Deal”: 1200 dólares para trabajadores, beneficios por desempleo y 500 dólares por hijo; 500.000 millones para las empresas, 75.000 millones se aplicarán a industrias específicas, como las aerolíneas, y préstamos para Pymes por 350.000 millones de dólares, según informaron medios de prensa norteamericanos.

En ese contexto, Alberto Fernández tiene la excusa perfecta para anunciar el aumento del gasto para contener la crisis económica. Y gastará muchísimo dinero. Lo resumió en una frase: “Hay muchas cosas que van a cambiar en la economía a partir de esto. Vamos a gastar todo lo que sea necesario para que la gente esté tranquila”. En buen romance, dijo que ahora el Estado va a emitir en forma ilimitada. En la Casa Rosada dicen que hay que prestarle mucha atención a esa frase.

Hay que comprar equipos, reactivos, drogas, respiradores, mantener el sistema de salud, comprar herramientas y contener a la pobreza. Tiene la excusa perfecta: no queda otra alternativa que gastar.

Los gobernadores ya comentan entre sí la creación de cuasimonedas porque no tendrán recursos propios, y menos de la Nación, para pagar sus propios sueldos y sus gastos operativos.

Para Alberto Fernández, el coronavirus pasó a ser casi la única bandera de su gobierno. Hace tres semanas, sus funcionarios decían que el plan económico dependía, como todo objetivo, de la resolución de la renegociación de la deuda. Sin eso, no había plan para anunciar. La deuda hoy pasó a ser un objetivo casi secundario. Incluso, algunos piensan que en este contexto mundial muchos acreedores pueden aceptar una oferta con una quita más agresiva del Gobierno porque en otros mercados cobrarán mucho menos por sus títulos.

Si el Gobierno cae en default, en medio del huracán del coronavirus a nivel mundial, el Presidente podrá echarle la culpa al virus de un fracaso en esa negociación. Habrá muchos factores como para explicar al margen de la falta de una oferta apetecible para los bonistas. Y serán ciertos. Si resuelve la encrucijada, en este clima, entonces Fernández lo presentará como una epopeya. En ambos escenarios, está mejor parado que hace tres semanas.

¿Quién podrá culpar al Gobierno de emitir un billón o 1,5 billones de pesos? Francia y a España anunciaron ayudas de 200 y 300 mil millones de euros. Italia y Alemania no se quedaron atrás. La postguerra será dura, pero será keynesiana. Podrían nacer nuevos organismos mundiales, estiman en el Gobierno. Nada será al mundo que conocimos antes. Mañana, Alberto Fernández conversará de algunos de estos temas por videoconferencia con los presidentes y jefes de Estado del G-20. Les pedirá cooperación sanitaria entre los países y medidas de protección del empleo.

El Estado tendrá que inyectar mucho dinero para sostener a todas las actividades privadas. Los restaurantes no tienen comensales, los aviones no cargan pasajeros, los taxis no suben a nadie, los colectivos circulan vacíos, los hoteles no reservan plazas, la construcción está parada y ni siquiera los plomeros salen de sus casas. Las viviendas están obligadas a que no se pinche un caño. El paquete de ayuda a Pymes, jubilados, AUH y planes sociales costará 700 mil millones de pesos: 2% del PBI; el sueldo de 10 mil pesos para trabajadores informales y monotributistas costará 36.000.000 millones: 0,12% del PBI. Pero no serán las únicas medidas.

Habrá que sumar los 30.000 pesos por presentismo para médicos y enfermeros, un plus para agentes de seguridad, y seguramente beneficios para otros sectores quebrados. A eso, posiblemente el gobierno y las provincias deban agregarle postergaciones de impuestos nacionales y provinciales, tasas municipales y suspensión del cobro de servicios de gas, luz, agua y otros. ¿Más subsidios? Se trabaja día a día.

Muchas empresas no podrán pagar impuestos y sueldos. El gobierno anuncio el auxilio del plan Repro. Para todo eso, se prevén oleadas de emisiones monetarias. Quizás tenga que tomar, presionados por la realidad, medidas de austeridad estatal-política. Cambió la agenda del país y del mundo. También las prácticas políticas: Alberto no puede culpar a la oposición de la crisis del coronavirus y ésta no puede atacar medidas que son comunes a todos los países y además prudentes. La oposición no puede culpar al Presidente por la crisis: el virus es el enemigo externo común, el que a lo largo de la historia unifica a los pueblos y alumbra liderazgos.

Ni siquiera Cristina Kirchner puede alegar recetas magistrales. El virus está fuera del libreto populista. No hay antecedentes económicos ni médicos de cómo combatirlo. Alberto deberá construir su gobierno sobre la marcha, pero la bandera que enarboló unifica su gobierno. La grieta quedó en suspenso, fuera y dentro de la Casa Rosada. Albertistas y kirchneristas caminan juntos. Es el susto que cura a los borrachos. La pandemia convirtió al Presidente en el líder que tomó medidas sensatas y positivas. Que convocó a la unión nacional postergando las diferencias y que puso al kirchnerismo y a la peor oposición a acompañar una cuarentena y una epopeya épica para salvar al mundo con el lema “Quedate en tu casa”.

 

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