PANDEMIA Y RESPONSABILIDAD SOCIAL: LA LIBERTAD SE RESTRINGE CUANDO SE PONE EN RIESGO LA VIDA DEL OTRO

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Por Analía Forti *

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El COVID-19 es el escenario que se presenta hoy como posibilidad del ejercicio de la responsabilidad social. La responsabilidad, es un valor fundamental en nuestra vida que se expresa en cada una de nuestras acciones cotidianas, en el cumplimiento de nuestras obligaciones y en el cuidado al tomar decisiones. Libertad y responsabilidad son valores que se deben poner en ejercicio juntos, no escindidos uno del otro. Nuestros actos libres deben ser regulados por la responsabilidad para que podamos ejercer una libertad responsable.

El coronavirus como pandemia, convoca a la humanidad como un todo (un todo que es más que la suma de las partes) y la convoca a la responsabilidad por el cuidado mutuo de la vida humana. Lo individual se diluye en pos de lo colectivo y así es que cada ser humano debe actuar responsablemente no solo por su autocuidado sino por el cuidado de ese otro humano que es su semejante.

El COVID-19 irrumpe entre los humanos y pone en evidencia que el individualismo, la conducta social irresponsable, la respuesta comunitaria inapropiada, el desapego a las normas, el incumplimiento de los protocolos, la violación de las indicaciones de las autoridades estatales y la desatención a las normas establecidas por las autoridades de salud, equivalen a poner en riesgo la propia vida y la del otro. Esto es así porque somos uno y porque nada de lo humano nos puede resultar ajeno. Nuestros actos impactan siempre en el otro de una u otra forma y en el escenario de una pandemia ese impacto es de alto riesgo y por eso de mayor evidencia, siendo que el impacto es sobre la salud y la vida.

Puede no importarme correr un riesgo en lo individual pero no puedo desinteresarme del impacto que esa decisión individual tendrá en lo colectivo y es por esto que aparece la sanción legal ante las conductas sociales irresponsables y transgresoras de las normas establecidas por las autoridades sanitarias. Soy libre de poner en riesgo mi vida pero mi libertad se restringe ante la existencia de un peligro para la vida del otro. Si conociendo que mis actos ponen en riesgo la vida de otro, aun así los llevo adelante, entonces aparece la norma que sanciona mi conducta en pos de la convivencia social. Queda claro que la convivencia social debe ser normada y la norma debe ser respetada. De eso se trata el contrato social que regula las relaciones entre los hombres para el establecimiento de la civilización y no de la barbarie.

Las emociones que aparecen ante una pandemia como la del COVID-19 son variadas y entre todas ellas la más generalizada es el miedo. El miedo no es una emoción negativa sino una valiosa señal de alarma, que nos advierte que nos encontramos ante una situación que constituye una amenaza y que existe una desproporción entre esa amenaza y los recursos con los cuales contamos para resolverla. El miedo es la sensación de angustia que se produce ante la percepción de una amenaza y funciona como una alarma. Lo que agrava al miedo es la reacción individual interior a ese miedo. Si la reacción interior es la desesperación, el miedo se agrava. Por eso tiene gran importancia tratar al miedo con respeto porque es un alerta que nos permite protegernos. El miedo tiene que ser legitimado (reconocido y no rechazado) y tiene que ser acompañado. Si acompañamos el miedo con acciones responsables, la desproporción entre la amenaza (COVID-19) y nuestros recursos (conductas normadas y responsables) será menor, por lo cual la angustia disminuirá y el miedo habrá cumplido su función valiosa como alarma para tomar conductas de protección individual y de cuidado comunitario.

Una vez más, queda en evidencia que la responsabilidad como valor individual y social, es fuente de estados de seguridad y protección, que hacen a la calidad de vida de una sociedad. El compromiso debe ser de todos y la conciencia social debe funcionar como guía orientadora de nuestras acciones individuales hacia el bien común.

La humanidad, es más que la suma de todos los humanos, por eso es que solo actuando de manera responsable e integrada, las vidas humanas podrán ser preservadas y protegidas del COVID-19.

*Analia Forti  / Consultora Psicológica – Op. en Psicóloga Social – Orientadora Familiar Especializada en Violencia Familiar, de Género y Social / Escritora / Conferencista / @analiaforti

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