EN UN GOBIERNO PERONISTA, LOS ÚNICOS PRIVILEGIADOS DEBERIAN SER LOS NIÑOS

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Juan Domingo Perón: “En la nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños”

POR MARIANO OBARRIO.-

El gobierno de Alberto Fernández justifica su apoyo al aborto legal, seguro y gratuito por una razón de “salud pública”. Pero al legalizar la práctica pasan dos cosas: se elimina una vida humana seguro y se somete a internación hospitalaria por hemorragias mortales al 30% de las mujeres que deciden hacer el aborto, incluso en aquellas prácticas llamadas legales. Es decir es todo lo contrario a velar por la salud pública.

Un caso paradigmático fue el de Keyla Jones, de 17 años que murió el 6 de diciembre de 2015 por una práctica denominada legal. Y muchos otros casos que son atendidos a tiempo y no llegan a la muerte por la pericia de los médicos, como fue el caso de Cipolletti del doctor Leandro Rodríguez Lastra, que salvó a la mujer de una infección generalizada e, insólitamente, fue enjuciado por salvar a la mujer y al bebé.

En suma, el aborto legal es lo contrario a la salud pública. El secretario de Salud de Rosario, Leonardo Caruana, presentó durante los debates en el Senado en 2018 cifras demostrativas del riesgo del suministro del Misoprostol en las mujeres embarazadas: 157 internaciones sobre un total de 500 ILES (31%) que se habían practicado.

Como dice el doctor Fernando Secín, si se hicieran 500 mil abortos al año, cifra posible ante una posible legalización en un futuro, habría 150 mil internaciones derivadas de la intención de eliminar vidas. Todo un despropósito sanitario. ¿Está preparado el sistema de salud argentino para atender esa demanda cuando ni siquiera hay camas para pacientes oncológicos y de otras enfermedades graves?

Hasta un niño puede percibir que las verdaderas motivaciones de la promoción del aborto consisten en fuertes intereses económicos, vinculados con sectores ultraconservadores del poder mundial, que se han aliado con una ideología marxista moderna que reniega de los valores de la Nación, la familia y la vida. Todo comenzó en 1968 con el Memoranum Kissinger-MacNamara que diseñó una estrategia mundial de control poblacional basado en las teorías de Thomas Malthus (1798). Con el apoyo del presidente Nixon, que luego sería destituido por el escándalo de Watergate, los Estados Unidos impusieron esa política a las Naciones Unidas. La derecha conservadora se aliaba con el marxismo cultural.

Como dice el ensayista español José Crespo, a partir de entonces, «En la Trama de la agenda de género (que incluye el aborto) se integran no solo UNESCO y UNICEF, sino también otros organismos como el Banco Mundial, el Fondo de Población y la Organización Mundial de la Salud»

https://lapaseata.net/2019/03/07/agenda-genero/

Juan Domingo Perón rechazó de plano esas políticas cuando Robert MacNamara, presidente del Banco Mundial, intentó condicionar el apoyo a la Argentina a cambio de la adhesión a esa ideología. Tal como cuenta Claudia Peiró en Infobae, Perón se lo dijo a Bernardo Neustadt con todas las letras:

“¿Usted sabe que McNamara fue a Buenos Aires y pronunció un discurso en el que condicionaba los préstamos al control de la natalidad…?”, preguntó Neustadt.

Perón respondió: “Cosas americanas. Si él cree que eso es un problema para la Argentina con 23 millones de habitantes, ¿cuánto más lo será para EEUU con 200? ¿Y por qué ellos no limitan su natalidad? (…) Vea, para mí esto es un disparate. (…) …la Argentina necesita más población y no tiene por qué limitar su natalidad”.

https://www.infobae.com/sociedad/2018/03/03/la-politica-pro-vida-de-peron-en-1974-olvidada-por-sus-seguidores/

Por otra parte, las políticas de salud del ministro peronista Ramón Carrillo en las años 50 pusieron fuerte hincapién en la mujer, los niños y el acompañamiento a las mujeres embarazadas. El gobierno peronista 5.0 parece querer borrar todas las enseñanzas de Perón y Carrillo. ¿Por qué acepta las políticas imperialistas que Perón rechazaba?

Juan Domingo Peron, rodeado de niños

El mismo gobierno que dice querer garantizar la “salud pública” comenzó a instalar la necesidad de legalizar la marihuana, las plantaciones de cannabis y de todas las drogas, según dijo el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni. El presidente Alberto Fernández desautorizó a Berni, pero la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, aunque peleada con Berni, estudia la legalización de la marihuana. Por otra parte, el mismo gobierno provincial de Axel Kicillof prohíbe la venta de alcohol en Villa Gesell ante la tragedia de los “rugbiers”.

¿En qué quedamos? ¿El alcohol es malo pero la marihuana es buena? Está más que comprobado que la marihuana altera las conductas de los adictos y esas alteraciones pueden ser violentas e inconscientes, por lo que pueden poner en riesgo la vida de terceros. Un joven que consume drogas es un peligro al volante, en un boliche o con el manejo de un arma de fuego. Está fuera de sí y no responde a sus frenos inhibitorios.

En la Argentina, la legalización de las drogas puede ser un portal hacia una escalada de violencia en las calles y en los boliches con jóvenes que por lo visto disfrutan de no tener autocontrol. Un joven drogado, aunque no todos, puede no ser inofensivo, sino más bien un peligro público latente.

Por otra parte, el Estado nacional bajo la órbita del Sedronar administra centros de recuperación de adictos, precisamente destinados a que los jóvenes dejen de consumir estupefacientes. Si el Estado debe asistirlos para rescatarlos, y destinar para ello dinero de los contribuyentes, no se entiende que la legalización sea una política para desalentar el consumo, cuando es todo lo contrario: lo promueve. Y termina promoviendo conductas que luego el propio Estado debe atender, ya sea desde un centro de recuperación o desde un hospital y la Justicia.

Todas las políticas culturales del gobierno de Alberto Fernández chocan contra las contradicciones más elementales. El plan contra el hambre prevé la distribución de tarjetas de débito a madres embarazadas de al menos tres meses de gestación. En otras palabras el Estado reconoce el derecho a la vida y la alimentación de ese niño en el vientre saludable. Sin embargo, con el aborto le abre la puerta a la madre para que lo elimine. ¿Salud pública?

Si ese niño es sujeto de derecho para ser alimentado por su cáracter de persona en crecimiento, cómo puede ser al mismo tiempo tratado como una malformación maligna que deba ser objeto de extirpación. Algo no cierra. Si eres una mujer con embarazo vulnerable, el Estado te ofrece dos alternativas: alimento para el bebé o eliminación de la bolsa de células.

Dirán quizás que las mujeres necesitan urgentemente la legalización porque muchas son víctimas de violaciones. Y en muchos casos violaciones intrafamiliares. El drama social es real. Pero el argumento es falso. Para la causal de violaciones, la Corte Suprema ya estableció en el fallo FAL de 2012 que debían contemplarse esos casos de aborto no punible tal su interpretación del artículo 86 del Código Penal y que debía dictarse un protocolo para que esos casos no sean judicializados en cada oportunidad.

Es decir, en el ordenamiento legal argentino no hace falta una nueva ley de aborto legal e irrestricto para incluir esos casos. Están contemplados. Incluso, el ministro de Salud, Ginés González García, amplió las causales en el último protocolo, más allá de las causales previstas en el artículo 86 del Codigo Penal al que se refirió la Corte y más allá de la Constitución Nacional. En cambio, no se vislumbra ninguna política para terminar con la cadena de impunidad de los violadores como podrían ser leyes durísimas para que las mujeres puedan denunciar a sus agresores y éstos sean separados del núcleo familiar luego de pruebas de ADN y un juicio justo. Los violadores siguen impunes y casi que se los apaña.

El papa Francisco y Alberto Fernández

Más allá de la doctrina y de sus pensamientos, Juan Domingo Peron nunca hubiera avanzado en una política que pudiera dejar mal parado frente al mundo a un Papa argentino… y peronista. El presidente Alberto Fernández lo visitará al papa Francisco en Roma el viernes 31 y seguramente saldrá en la conversación la cuestión del aborto. Sea como fuera que se lo quiera presentar, para la Iglesia y para el Papa cualquier ley de aborto legal es una herida muy difícil de superar. Puede ser para el Pontífice un puñal clavado de las propias filas de sus “compañeros” a los que ayudó a llegar al poder.

Otra incongruencia. El mismo sujeto de derecho, con derecho a la vida, el derecho humano más importante en la jerarquía contemplado por todos los tratados de derechos humanos, como el Pacto de San José de Costa Rica, también puede ser sujeto de eliminación arbitraria. Si la madre no lo desea, no tiene ningún derecho, según los abortistas. Se pone el acento en el deseo de la madre y no en el derecho natural del niño o la persona por nacer.

Se establece así una diferenciación de categorías: los niños deseados tienen derecho a vivir, los no deseados no lo tienen. En términos jurídicos, esto termina siendo una aberración por donde se la mire. Una persona, reconocida como tal por la tarjeta alimentaria, no tiene más o menos derecho a la vida por el grado de deseo de su madre. Si ello fuera cierto, cualquier persona estaría en peligro, porque puede ser querida por algunos y no querida por otros. ¿Estos tienen derecho a matarlo? Claramente, eso es una estupidez lisa y llana.

Las organizaciones civiles que atienden a madres con embarazos vulnerables que tienen intenciones de abortar pudieron comprobar que el 90 por ciento desiste de hacerlo cuando toma conciencia de la persona que lleva en su vientre a través de una charla orientativa acerca de la evolución gestacional del niño en esa etapa del embarazo y cuando mira su ecografía en donde puede ver los movimientos vivaces del bebe y el sonido vital de su corazón. Entonces elige por la posibilidad de criarlo o entregarlo en adopción. Es urgente mejorar el apoyo estatal para las madres que eligen por una de esas alternativas y mejorar las leyes de adopción.

Para un gobierno nacional y popular, la eliminación de la vida es una grave contradicción con los conceptos tan arraigados de justicia social, inclusión e igualdad de oportunidades, que son el paradigma del progresismo y del peronismo. La verdadera justicia social, inclusión e igualdad de oportunidades comienzan en el vientre de la madre. Y en un gobierno peronista los únicos privilegiados deberían ser los niños.

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