FELIPE SOLA VIAJARÁ A BRASIL PARA REUNIRSE CON SU CANCILLER Y COMENZAR LA RECONCILIACION CON BOLSONARO

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POR MARIANO OBARRIO.-

El gobierno de Alberto Fernández resolvió regularizar la relación bilateral con Brasil. Luego de sus viajes a Israel y a El Vaticano junto al Presidente, el canciller, Felipe Solá, viajará a Brasilia el 12 de febrero para encontrarse con el canciller de ese país, Ernesto Araújo, para limar las asperezas surgidas de las declaraciones del presidente Jair Bolsonaro desde antes de la asunción de Fernández, muy agresivas contra el gobierno kirchnersista, pero que luego derivaron en una gentil invitación al presidente argentino para tener una reunión bilateral.

La fecha del encuentro se terminó de confirmar ayer. En la Cancillería no descartan que el encuentro Solá-Araújo sea el paso previo para una posterior cumbre entre Alberto Fernández y Bolsonaro, que también sería en Brasilia, la capital de ese país. El presidente argentino está dispuesto a recomponer las relaciones con el principal socio de la Argentina.

Según confiaron fuentes oficiales a La Nueva República, entre los cancilleres se conversará sobre los asuntos de comercio bilateral, la revisión de los aranceles externos, y del acuerdo Unión Europea-Mercosur firmado por la gestión de Mauricio Macri.

El gobierno de Bolsonaro es favorable a impulsar este acuerdo en los parlamentos del Mercosur, pero en la Casa Rosada aseguran que a esta altura es de “cumplimiento imposible” por el rechazo que tuvo entre los propios países firmantes de Europa: Austria, Francia, Polonia o Irlanda.

Hace más de una semana, Bolsonaro dijo que Alberto Fernández sería “bienvenido” a Brasilia y negó que el fuera radicalizado de derecha en sus posturas políticas, con lo cual buscó dar un paso hacia la moderación. Antes que ello, luego de idas y venidas, designó a su vicepresidente Hamilton Mourao para presenciar la jura de Alberto Fernández el 10 de diciembre. De la charla participó el embajador designado en Brasil, Daniel Scioli.

El viaje a Brasil de Solá se inscribe en la política de Alberto Fernández de establecer buenas relaciones diplomáticas con todos los países y no sólo con el mundo progresista. Si bien tiene buena relación con el Grupo de Puebla, de líderes populistas, el Presidente ordenó mantener al país dentro del Grupo Lima, alineado con los Estados Unidos.

Una muestra de la moderación de Fernández es el viaje que comenzará este miércoles 22 a Israel para asistir al día siguiente a la conmemoración del Holocausto judío. “Se busca robustecer el compromiso argentino con la condena a ese hecho histórico”, dicen en la Cancillería. Si bien es una política permanente de nuestro país, Felipe Solá no desconoce que el viaje es un gesto del Gobierno a los Estados Unidos y a Israel, justo en un contexto de tensión de Estados Unidos con Medio Oriente.

“Esto de paso fortalece nuestra reivindicación de Memoria, Verdad y Justicia para defender los derechos humanos”, dicen en la Cancillería. Pero también Alberto quiere romper el mito de que el gobierno peronista-kirchnerista es antisemita, o que encubre el atentado a la AMIA o la muerte del fiscal Alberto Nisman.

“Un dato sugestivo es que Brasil no va a Israel y es un país ideológicamente afín con el gobierno de Benjamin Netanyahu”, dijo un funcionario de Relaciones Exteriores a La Nueva República.

Para resaltar la cuestión del Holocausto, en Jerusalén no se les dará entidad exagerada a las reuniones bilaterales entre presidentes. Habrá más de 40 líderes mundiales. Posiblemente Alberto Fernández se encuentre con los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, de Francia, Emmanuel Macron, y de Israel, Reuven Rivlin. Pero serán encuentros sin grandes formalidades, casí como conversaciones al pasar en los pasillos.

La política exterior de Alberto Fernández, en general, apostará a marcar una tercera vía dentro de un mundo polarizado. En la Cancillería lo denominan el “Peronismo 4-G”. “Hay que dialogar con todos, y buscar la solución diplomática de los conflictos”, señala el designado embajador ante los Estados Unidos, Jorge Arguello, en sus reuniones privadas.

Eso mismo conversó con el Presidente. Por ejemplo, para el conflicto en Venezuela, la Argentina propondrá la salida democrática y el diálogo entre las partes, sin intervención militar. No reconocerán a Juan Guaidó como presidente interino, pero también mantendrán la postura de que Nicolás Maduro encabeza un régimen autoritario donde no rige le Estado de derecho. También Fernández señala que hay que ocuparse de otras crisis institucionales en América latina y no solo la venezolana.

Con la Unasur como proyecto archivado definitivamente, la Cancillería apostará a fortalecer el Mercosur y la Celac, el grupo de países de América latina y el Caribe, con un fortalecimiento del comercio internacional pero con protección prudente y suficiente contra las importaciones. Por ejemplo, se habla en el Mercosur de un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur, pero la Cancillería lo rechaza. “A nosotros nos mata porque nos desprotege el mercado interno”, dicen.

Con Estados Unidos, la Cancillería mantendrá una relación fluida y buena en todas las formalidades. Arguello es un viejo conocido en Washington y será un articulador y facilitador de las relaciones para negociar la deuda con el FMI y los privados.

Pero el Presidente considera que existe “una diplomacia paralela de los bonistas” de Nueva York que a través de agencias de noticias lanzan advertencias para que la Casa Rosada no se vuelque a los regímenes populistas y se abstenga de gestos como darle refugio a Evo Morales. La amenaza latente es que el gobierno de Donald Trump no le daría apoyo a la Casa Rosada para resolver la deuda con el FMI y los privados.

En la Casa Rosada minimizaron los ruidos por este tema. Pero hubo dos emisarios del Presidente que le dijeron al ex presidente de Bolivia que no era conveniente que, como refugiado, opinara sobre la Argentina y que no cargara las tintas de sus declaraciones sobre Bolivia. Su mejor defensa es el silencio. “Que no se exponga a situaciones que lo podrían perjudicar”, dicen en Balcarce 50. En ese contexto, Morales suspendió un viaje a Salta, donde iba a hacer campaña para su país.

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